El marxismo-leninismo

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M. Trifonovich - T. Ilich Oizerman - I. Yakovlevich Schipanov

ACERCA DEL MARXISMO-LENINISMO

El triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre dio lugar a la crisis general del sistema capitalista mundial y a un marcado endurecimiento de todas sus contradicciones, haciendo virar en redondo el movimiento obrero internacional. Lenin escribió que «la abolición del capitalismo y de sus vestigios y el establecimiento de las bases del orden comunista constituyen el contenido de la nueva época de la historia universal que comienza ahora1».

La transformación revolucionaria de la sociedad capitalista en socialista, la construcción de la economía socialista, la creación del Estado socialista, la revolución cultural, la formación de la nueva moral, etc., plantearon nuevos problemas a la ciencia marxista, en particular a la filosofía. Era preciso también generalizar la nueva experiencia del movimiento obrero internacional y descubrir las leyes del movimiento revolucionario en las colonias y los países dependientes en el período de la crisis general del capitalismo, así como someter a crítica la ideología reformista de la II Internacional y la sofística y el eclecticismo de sus teóricos. Estas tareas históricas las llevaron a cabo Lenin, el Partido Comunista de la Unión Soviética y los partidos marxistas-leninistas de otros países desarrollando de modo creador la filosofía marxista y elaborando muchos problemas actuales del materialismo dialéctico y del materialismo histórico.

Después de la revolución, la actividad de Lenin transcurría en el período de transición del capitalismo al socialismo, cuando tanto en el terreno de la política, como en el de la economía y la ideología, el proletariado luchaba contra la burguesía vencida, pero aún no destruida como clase. Se combatía también en la vertiente filosófica. Era necesario formar ideólogos proletarios capaces de oponer la ciencia marxista a la filosofía burguesa. Pero en los centros de enseñanza superior seguían explicando filosofía los filósofos reaccionarios burgueses como Losski, Rádlov, Shpet y otros, que se dedicaban a difundir concepciones místico­religiosas y diversas formas del idealismo. Algunas revistas publicaban artículos del neo-hegeliano Ilín, del nietzscheano Shestov, del idealista Chelpánov, etc. Editoriales privadas imprimían libros y folletos de filosofantes reaccionarios. En la prensa y en los centros docentes superiores se reñía una dura batalla ideológica.

Los primeros años de la revolución se caracterizaron por una lucha abierta de la burguesía derrocada y de sus ideólogos contra la formación de la cultura socialista, ya fuera en el terreno de la ciencia, como en los de la enseñanza, de la literatura, del arte, etc. Parte de la intelectualidad burguesa emigró y combatió desde el extranjero al Estado soviético y a la ideología marxista-leninista.

Dentro del partido bolchevique, Trotski, Bujarin, los nacional­desviacionistas y otros elementos antipartido arremetían contra las bases teóricas del marxismo­leninismo. Bogdánov y los hombres de Cultura Proletaria, influidos por él, presentaban concepciones antimarxistas en la esfera de la cultura y la filosofía. El partido bolchevique, encabezado por Lenin, dio una réplica demoledora a estas y otras concepciones antimarxistas, resolvió científicamente importantísimos problemas del período de transición del capitalismo al socialismo.

Análisis filosófico de las leyes del período de transición

El período de transición, señaló Lenin, es «un período de lucha entre el capitalismo agonizante y el comunismo naciente, o en otras palabras: entre el capitalismo vencido, pero no aniquilado, y el comunismo ya nacido, pero muy débil aún2».

Esta pugna constituye el contenido principal del período de transición, su ley básica. La clase obrera y las masas trabajadoras dirigidas por ella combaten para suprimir las relaciones capitalistas y crear, a través del desarrollo de las fuerzas productivas, la base y la superestructura socialistas. La ley mencionada ostenta carácter universal, si bien sus formas concretas son distintas en uno u otro país. La experiencia de la construcción del socialismo en las democracias populares de Europa y Asia ha confirmado plenamente esta proposición leniniana.

En el artículo «Nuestra revolución», y en otros trabajos, Lenin puso al descubierto la diferencia cualitativa entre la revolución socialista y la revolución burguesa. Esta diferencia estriba en que la revolución socialista se lleva a cabo sin que existan previamente relaciones socialistas de producción, que no pueden configurarse y madurar bajo el capitalismo. La base socialista se crea en el período de transición, en el proceso de la lucha de clase contra la burguesía dentro y fuera del país. El sistema económico socialista surgido va vigorizándose sin cesar y vence en el curso de una lucha encarnizada contra el sistema capitalista y frente a las contradicciones que plantea la pequeña producción mercantil. Aparece entonces el modo socialista de producción.

A diferencia de la base de la sociedad antagónica, la base socialista no nace espontáneamente, sino que la construye el pueblo bajo la dirección del partido comunista. La construcción de la base socialista no es un acto que se realice de una vez por todas, antes bien se desarrolla durante el período relativamente largo de transición del capitalismo al socialismo. El Estado proletario es el instrumento principal en la construcción de la nueva base.

Al analizar las leyes del período de transición, Lenin examinó el problema de las contradicciones de este período y sus formas concretas en la economía, la política y la ideología. La proposición teórica leniniana de que «antagonismo y contradicción distan mucho de ser· una y la misma cosa, pues bajo el socialismo el primero desaparece, mientras que la segunda subsiste3», es de primordial importancia para comprender las contradicciones en el seno de la sociedad socialista. Esta tesis da la clave para entender la dialéctica del proceso social de la época contemporánea y presupone un enfoque concreto de conceptos dialécticos tales como opuesto, contradicción, etc., y su resolución en las condiciones del socialismo.

Lenin establece dos tipos de contradicciones cardinalmente distintas. Junto a la contradicción antagónica fundamental del período de transición ­entre el capitalismo agonizante y el socialismo naciente­, en el país de la revolución victoriosa existían contradicciones no antagónicas, por ejemplo, las contradicciones entre la industria socialista y la pequeña producción mercantil campesina y, en consecuencia, la contradicción entre la clase obrera y los campesinos. Lenin analizó también en sus obras otras formas de contradicción como el contraste entre la ciudad y el campo, entre el trabajo manual y el intelectual, entre la ideología socialista y la atrasada conciencia pequeñoburguesa de una parte considerable de la población, etc.

A la vez que descubre la dialéctica del proceso histórico­ social del período de transición, Lenin señala, al investigar las nuevas formas de contradicción, el modo de resolverlas. Tiene esencial significación metodológica su proposición de que, en las condiciones de la construcción del socialismo, el partido y la sociedad utilizan las contradicciones existentes uniendo sus aspectos opuestos en la dirección necesaria. «Sin embargo, ­dijo Lenin­, hemos estudiado un poco el marxismo, hemos aprendido cómo y cuándo se puede y se debe unir los contrarios, y lo que es principal: en nuestra revolución desde hace tres años y medio, hemos unido prácticamente y en múltiples ocasiones los contrarios4». Lenin recaba la atención sobre la necesidad de combinar los intereses sociales y personales de los trabajadores a la hora de resolver las contradicciones no antagónicas. El curso objetivo del desarrollo de la revolución requiere que se combine el interés personal y el cálculo económico con el entusiasmo nacido de la gran revolución, decía Lenin. La conjugación de los intereses personales y sociales es ley general del socialismo.

La unidad dialéctica de las leyes generales y de las particularidades concretas de la transición al socialismo

En sus obras, especialmente en La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920, Lenin, que desarrolla la doctrina marxista del período de transición y del socialismo partiendo de la generalización de la experiencia de la construcción socialista en la Rusia Soviética, subraya el carácter universal de las nuevas leyes del desarrollo social en el período de transición del capitalismo al socialismo. «[…] Tenemos ya una experiencia internacional muy considerable, que demuestra con absoluta claridad que algunos de los rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen una importancia no local, particularmente nacional, sólo rusa, sino internacional5».

Las particularidades históricas y nacionales son una forma concreta de la ley general de la revolución socialista y no derogan lo principal: la necesidad de ésta. Desdeñar estas particularidades puede engendrar contradicciones y dificulta¬ des internas. En el informe en el II Congreso de las organizaciones comunistas de los pueblos de Oriente, Lenin dijo: «Apoyándoos en la teoría y la práctica comunes a todos los comunistas, debéis saber aplicar esa teoría y esa práctica, adaptándoos a condiciones específicas que no se dan en los países europeos: a condiciones en que la masa fundamental la constituye el campesinado, y la tarea a resolver no es la lucha contra el capitalismo, sino contra las supervivencias del medievo6». Lenin subrayaba que el olvido de las leyes generales del desarrollo de los países en vías al socialismo y la exageración de las particularidades nacionales equivalen a renunciar al internacionalismo proletario.

La dictadura del proletariado es una ley histórica universal; sus formas adquieren originalidad histórica en distintos países. «Todas las naciones llegarán al socialismo -afirmaba Lenin-, eso es inevitable, pero no llegarán de la misma manera; cada una aportará su originalidad en una u otra forma de la democracia, en una u otra variante de la dictadura del proletariado, en uno u otro ritmo de las transformaciones socialistas de 1os diversos aspectos de la vida social7».

Lenin fundamentó teóricamente la posibilidad del desarrollo socialista de países atrasados en el sentido económico, que no han atravesado la fase capitalista. Estos, con ayuda del proletariado de los países avanzados, pueden pasar al socialismo saltando por encima de la fase capitalista. Esta proposición leniniana, además de su valor teórico, tiene excepcional significación práctica para muchos países de Asia y África que han entrado o entran en el camino de desarrollo no capitalista. El curso de la historia ha confirmado esta tesis de Lenin. Ya en vida de él, el pueblo mongol, ayudado por el pueblo soviético, consiguió la independencia y acometió la erradicación del feudalismo en su país y la instauración de las condiciones necesarias para construir el socialismo.

Particular importancia posee la proposición leniniana sobre las relaciones entre un país socialista y el mundo capitalista. Poniendo al descubierto la dialéctica del desarrollo social, Lenin expone la tesis de la posibilidad de la coexistencia pacífica de un Estado socialista y los países capitalistas, de la emulación económica entre ellos, subrayando la inevitabilidad histórica del triunfo del comunismo. Lenin indica que la posibilidad de tal coexistencia dimana del desarrollo social desigual.

La coexistencia de Estados socialistas y capitalistas constituye una forma determinada de la lucha de clases, una de las formas de manifestarse las contradicciones antagónicas entre el capitalismo y el socialismo a escala mundial. La idea leniniana de la coexistencia pacífica entre Estados con distinto régimen social expresa una ley económica y política objetiva. La revolución mundial es toda una época histórica durante la cual los países capitalistas irán desprendiéndose del sistema imperialista y una serie de ex colonias y semicolonias emprenderán la construcción del socialismo. La coexistencia pacífica tiene una base económica objetiva. «Existe una fuerza ­dijo Lenin­ mayor que el deseo, la voluntad y la decisión de cualquiera de los gobiernos o de las clases hostiles a nosotros; esa fuerza está representada por las relaciones económicas generales del mundo, que les obligan a emprender el camino de las relaciones con nosotros8».

Desarrollo de la doctrina de las clases y de la dictadura del proletariado

En el período posterior a la Revolución de Octubre, Lenin centra la atención en el problema de la dictadura del proletariado como contenido esencial de la revolución socialista y en el estudio de la estructura de clase de la sociedad socialista en formación.
En su trabajo Una gran iniciativa, Lenin presenta una definición pormenorizada del concepto de clase.

«Las clases ­escribe­ son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes refrendan y formulan en su mayor parte), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otros por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía socia9l».


Se desprende de esta definición que la supresión de las clases pasa, ante todo, por la de las relaciones de producción antagónicas. Justamente por ello luchar por el triunfo del socialismo es luchar por la supresión de las clases y de las causas que engendran la división de la sociedad en tales grupos.

Lenin y el Partido Comunista prepararon teórica y prácticamente las vías concretas para resolver el problema de la liquidación de las clases. Veían la complejidad toda del problema no tanto en la liquidación de los restos de burguesía y terratenientes, cuanto en la transformación de la hacienda campesina en gran hacienda socializada. Si bien se puede y se debe expropiar a las clases explotadoras, a los campesinos hay que atraerlos a la construcción del socialismo mediante la agrupación de las haciendas individuales en haciendas cooperativas sociales. Para liquidar por completo las clases es preciso superar las diferencias esenciales que existen entre la ciudad y el campo, entre el trabajo manual y el intelectual; es preciso terminar con las supervivencias del capitalismo en la conciencia de los hombres.

Lenin hizo un profundo análisis de la estructura social y de las relaciones entre las clases en el período de transición. La dictadura del proletariado, decía, es la continuación de la lucha de clases en el seno de las nuevas formas históricas. La clase obrera sostenía ahora esa lucha como clase dominante, y utilizaba para ello todos los medios de la superestructura política e ideológica. Lenin enumera cinco formas de lucha de clases al comienzo del período de transición:

  1. El aplastamiento de la resistencia de los explotadores.
  2. La guerra civil
  3. La «neutralización» de la pequeña burguesía
  4. La utilización de la burguesía
  5. La inculcación de la nueva disciplina.

Indisolublemente unido al problema de las relaciones entre las clases en el período de transición está el de la correlación entre economía y política en la época de la dictadura del proletariado. Lenin señala que, en el período de transición, la superestructura política (el Estado soviético) es el principal instrumento para la construcción de la base socialista. El Estado proletario, tras concentrar en sus manos los medios fundamentales de producción, dirige de modo inmediato la lucha por la transformación de las relaciones de producción y demás relaciones sociales en un país dado. Esta correlación esencial­ mente nueva entre economía y política la define Lenin como una primacía de la política sobre la economía.

Ahora bien, la primacía de la política sobre la economía no deroga la proposición del materialismo histórico sobre el papel determinante que desempeña la base económica. Toda superestructura política, escribe Lenin, «sirve, en última instancia, a la producción, y está determinada, en última instancia, por las relaciones de producción de la sociedad dada10». La política, subrayaba Lenin, es la expresión concentrada de la economía.

La garantía de una política acertada pasa por la estimación correcta de las condiciones objetivas, en primer término, del desarrollo económico. Lenin critica al respecto la nociva disociación metafísica entre política y economía establecida por trotskistas y bujarinistas, que proponían al partido. La resolución de problemas económicos sin tener en cuenta la correlación de las clases tanto dentro del país como en el plano internacional, al tiempo que negaban el papel activo de la dictadura del proletariado. Los trotskistas, además, suplantaban la política por órdenes desde arriba, por medidas administrativas.

Lenin desarrolla la doctrina marxista del Estado en La revolución proletaria y el renegado Kautsky, Acerca del Estado y otros trabajos, poniendo de manifiesto la naturaleza cardinal­ mente nueva del Estado socialista, de la democracia soviética, de la democracia de las masas populares que construyen el socialismo. «El régimen soviético ­escribe­ es el máximo de democracia para los obreros y los campesinos y, a la vez, significa la ruptura con la democracia burguesa y el surgimiento de un nuevo tipo de democracia de alcance histórico­universal: la democracia proletaria o dictadura del proletariado11».

M. Trifonovich Iovchuk, T. Ilich Oizerman e I. Yakovlevich Schipanov, Historia de la filosofía, Teoría marxista-leninista, traducido del ruso por Arnaldo Azzati, t, II, Progreso, Moscú, 1978, pp. 266-276.


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