New Deal

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María Serrano Segarra

ROOSEVELT Y EL NEW DEAL

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[…]
Delano Roosevelt. La destitución de Hebert Clark Hoover
Franklin Delano Roosevelt, miembro del partido demócrata, asumió la presidencia el cuatro de marzo de 1933 convirtiéndose en el trigésimo segundo presidente de los Estados Unidos de América1. Venció al candidato del partido republicano, el ex presidente Hebert Clark Hoover, cuya actuación política en la presidencia desde el cuatro de marzo de 1929, todavía en tiempos de prosperidad, había agravado la crisis adoptando unas medidas para atajarla que resultaron ser un fracaso2.

Hoover mantenía una postura optimista ante la crisis convencido de que un nuevo ciclo económico conllevaría la recuperación de la economía norteamericana. Sin embargo, las políticas liberales aplicadas para salir de la crisis no habían dado resultados positivos, sino que habían agravado la recesión con más paro, más proteccionismo, más contracción del comercio internacional, etc… Esta situación es descrita por el dramaturgo estadounidense Arthur Miller en su obra autobiográfica:

«El verano de 1932 fue probablemente el punto más bajo de la Depresión. Todo era muy sencillo: nadie tenía dinero. El que sería el último gobierno republicano en el curso de dos décadas estaba a punto de recibir el finiquito, sin ideas, y para nosotros como si dijéramos en el cubo de la basura, falto incluso de la retórica de la esperanza. Los recuerdos que tengo de aquel año en particular me configuraban una ciudad fantasma que poco a poco se iba cubriendo de polvo, manzana tras manzana, cada vez con más rótulos de SE TRASPASA en sucios escaparates de tiendas y talleres abiertos muchos años antes y en la actualidad cerrados. Fue también el año de las colas en las panaderías, de hombres sanos y robustos que formaban en batallones de seis y ocho en fondo a lo largo del muro de algún almacén, en espera de que éste o aquel organismo municipal improvisado, o el Ejército de Salvación, o cualquier iglesia, les diese un tazón de caldo o un panecillo»3.


Había llegado a su fin el período de exaltación del llamado «modelo americano» que ardua y repetidamente había defendido el presidente Hoover y que ya se mostraba insuficiente para hacer frente a la nueva gran crisis. Puede servir como muestra uno de sus discursos a la nación en el año 1928:

«…En 150 años hemos construido una forma de autogobierno y un sistema social particular que difiere de todos los sistemas que existen en el mundo. Es el sistema americano. Un sistema social y político tan definido y positivo como nunca ha existido en el mundo. Se funda en una particular concepción de autogobierno, que tiene su base en la responsabilidad local descentralizada. Además se funda en el concepto de la libertad y de la igualdad de oportunidades ofrecida a la voluntad individual. Gracias a la insistencia en la igualdad de oportunidades nuestro sistema ha superado a todos los demás en el mundo […] Por estas razones los americanos han progresado mientras que los demás se han detenido y algunos países han dado pasos atrás».


El pueblo americano no reeligió en su cargo presidencial a Hoover. La disputa electoral se centró durante la campaña en el tema de la crisis. El entonces presidente argumentaba en sus discursos electorales una exculpación en cuanto a sus posibles responsabilidades ante la misma. El origen de la crisis, siguiendo la argumentación de la administración republicana, se localizaba en el extranjero. En contraposición, el candidato demócrata Roosevelt defendió en sus discursos electorales que la crisis había tenido su origen en los Estados Unidos debido a la especulación que se desarrolló en los años de prosperidad anteriores, los años veinte, y justifica la crisis europea a partir de la retirada de capitales estadounidenses:

«… Una excusa, no lo perdáis de vista, amigos míos, que el presidente ha repetido en el discurso de la aceptación de la nominación, la pasada semana. Los informes realizados por las naciones civilizadas de la Tierra prueban dos hechos: en primer lugar, que la estructura económica de las otras naciones se ha visto afectada por la creciente ola de especulación en los Estados Unidos y que la disminución de nuestros préstamos al extranjero ha contribuido a generar un estado de miseria; en segundo lugar, que la burbuja de las quimeras estalló en primer lugar en su país de origen, los Estados Unidos…»4.


La elección de Roosevelt se ve históricamente como el cambio exigido por el pueblo norteamericano para poner en marcha nuevas soluciones que pudieran atajar la situación de crisis, tras el fracaso de los republicanos en las elecciones de 1932. Roosevelt accedió a la presidencia iniciándose un nuevo período de gobierno demócrata y progresista en el que se cuestionarían todas las ideas de un modelo económico liberal, hasta entonces vigente. Las fórmulas liberales tradicionales se habían mostrado inválidas e insuficientes para dar solución a los nuevos problemas. Se necesitaban nuevas recetas que dieran solución a los problemas planteados. El mercado ya no era capaz de resolver por sí mismo los problemas que la libertad económica y la especulación habían provocado. El sistema era incapaz de corregirse sólo.

El New Deal de Roosevelt
Roosevelt puso en marcha un gran proyecto para intentar solventar la crisis: el New Deal. Acometerá, a partir de su llegada a La Casa Blanca en 1933, este nuevo programa gubernamental para recuperar la economía constituído por una serie de medidas desarrolladas entre los años 1933 y 1937 con el objetivo de aliviar, recuperar, socorrer y reformar la economía de los Estados Unidos tras la Gran Depresión. Eran las llamadas tres Rs: direct relief, economic recovery, and financial reform. Estas medidas fueron acometidas de forma experimental y con marcada improvisación ante la apremiante realidad social necesitada de una nueva política económica.

Roosevelt defiende en el New Deal la necesidad de que el estado intervenga en la economía, que se adopte una nueva política intervencionista que permita o facilite la recuperación de la economía, la coordinación y regulación estatal de la actividad industrial americana y el nivel adquisitivo de la población. El tradicional liberalismo económico se tuvo que adaptar así a una creciente intervención del Estado, dando lugar a una economía mixta. Se precisaba la adopción de una nueva medida inédita dada la gravedad de la situación: la intervención del estado en la economía, algo impensable en aquellos tiempos en los que primaba la filosofía del capitalismo clásico por excelencia. El gobierno Roosevelt proponía la contratación directa por parte del gobierno, el dirigismo, el proteccionismo arancelario, las subvenciones, el control de precios y salarios, la realización de obras públicas, la nueva planificación estatal, etc. Es decir, en definitivase rompía con la filosofía del capitalismo clásico por excelencia.

El New Deal o nuevo trato o reparto de cartas para el pueblo estadounidense es un ejemplo de la búsqueda enérgica de nuevas soluciones para superar los gravísimos problemas creados por la Gran Depresión. A través del mismo, Roosevelt trató no solo de recuperar la situación económica sino también de mejorar las condiciones de las capas más desfavorecidas de la sociedad. Fueron esos dos los propósitos que guiaron al presidente, aunque el segundo de ellos fuera desarrollado en la segunda etapa. Ambos constituyeron una inyección de confianza e ilusión para el pueblo americano, valores muy importantes a conseguir cuando el objetivo es volver a estabilizar la economía. Dicha confianza trataría de ser garantizada a través del mercado de trabajo pues mejorando la renta del trabajo, aumentaría la renta disponible, el consumo de las familias y con ello también se conseguiría la confianza en el sistema.

De este modo, Franklin Delano Roosevelt, ya como nuevo presidente de los EstadosUnidos de América, proclamaba en un discurso del año 1933, las siguientes intenciones:

«…Se habla mucho de lo que este renacimiento aporta al asalariado y de cómo mejora su poder de compra, pero el Ministerio de Trabajo se ocupa de hombres y mujeres de carne y hueso…Estamos especialmente preocupados por las condiciones de vida de los hombres y mujeres trabajadores. Hacer de ellos miembros de pleno derecho del mundo civilizado y humanizar las leyes que les afectan son los objetivos esenciales que debe perseguir el Ministerio de Trabajo…»


Roosevelt, valiéndose del New Deal, movilizó dinero público para generar actividad económica y poder adquisitivo tal como propuso el economista inglés John Maynard Keynes, al que siguió en gran parte de sus postulados. Los principios económicos expuestos por Adam Smith ya no serían considerados, pues no habían sido capaces de solucionar esta gran problemática5. Keynes apostó por la estimulación de la demanda y el incremento del poder adquisitivo, pilar básico del capitalismo. Proponía que el Estado tuviera un papel protagonista: ya no era aquel estado que, siguiendo los postulados propios del liberalismo económico, no debía de intervenir en la economía, dejando que fueran las libres fuerzas del mercado las que resolvieran la crisis, sino que, muy al contrario, era necesario el empleo de los fondos públicos hasta el momento en que los recursos privados se recuperaran6.

Los historiadores están de acuerdo en afirmar que el economista británico influyó en la política del New Deal de Roosevelt. El presidente estaba proponiendo un nuevo estado con funciones extraordinarias que hasta ahora sólo se habían acometido en estado de guerra. Un estado que tendría que realizar inversiones en obras públicas, debía proporcionar ayudas a las empresas a pesar de que se sufriría un aumento inmediato del déficit público. Pero, siguiendo sus razonamientos, se conseguiría de este modo una creación de puestos de trabajo, reducción del paro, aumento de la renta familiar y, finalmente, un crecimiento del consumo que provocaría un aumento de producción de bienes y servicios, aumento de los ingresos del estado y reducción del déficit público.

Roosevelt, como acertadamente expresa el historiador Gabriel Jackson, tuvo la cautela de no gastar en este nuevo proceso más dinero del estrictamente necesario. Esta política tardó en dar frutos y, de hecho, la economía no volvió a revitalizarse hasta el rearme en 1938, vísperas del segundo gran conflicto mundial. Pero fue fundamental la adopción de todas aquellas medidas (que más abajo detallaré) para que el país iniciara un despegue y superara aquella crisis sin precedentes. […]

Con el propósito de dar salida a la acuciante crisis económica […] se celebró la Conferencia Económica Internacional en Londres el 12 de junio de 1933. La misma fue organizada por la Sociedad de Naciones, organismo internacional creado por el tratado de Versalles tras la finalización de la primera guerra mundial con el objeto de reorganizar las relaciones internacionales y conseguir la paz. A pesar de los principios de cooperación internacional que presidían dicho organismo y por ende la conferencia londinense, en la que participaron representantes de sesenta y seis naciones, ésta resultó ser un absoluto fracaso […]. La cooperación pretendida en los acuerdos económicos como mecanismo necesario para poder superar la crisis brilló en los años treinta del siglo XX por su ausencia a pesar de los intentos franceses y británicos por establecer una estabilidad entre sus monedas y el dólar. Roosevelt, que estaba iniciando la puesta en marcha del NewDeal, declinó la propuesta presentada por los representantes franco-británicos y declaró que Estados Unidos no sería partícipe en la conferencia. A partir de esta decisiva actuación del gobierno norteamericano, el encuentro derivó en insolidaridad e incomprensión entre las naciones que tendrían que acometer acciones individuales para superar el disloque económico.

Ha de hacerse constar otra diferencia añadida que también obstaculizó el éxito de la conferencia y la necesaria cooperación internacional en aquellos momentos: se trata de la política proteccionista que fue entonces adoptada tras el crack del 29 por la mayor parte de los países […]. Tomando a EE.UU. como ejemplo de la plasmación de dicho proteccionismo, dicho país promulgó en junio de 1930 la famosa ley arancelaria Smoot-Hawley Act que estableció el más elevado nivel de aranceles en la historia económica americana alcanzando tarifas de hasta el 60%.

El arancel Smoot-Hawley dificultó las relaciones de Estados Unidos con Europa disminuyendo drásticamente el comercio internacional entre ambos en un 66% en los años 1930 a 1934.A partir de esta fecha y tras los nefastos resultados obtenidos, se implantó una nueva política liberalizadora con las necesarias reducciones arancelarias. En la actualidad la utilización de la expresión Smoot-Hawley es utilizada para advertir de los grandes peligros del proteccionismo […].

Medidas de solución a la crisis de 1929 adoptadas en el programa New Deal
Analizemos ahora las medidas propuestas por Roosevelt para desarrollar el programa del New Deal. Distinguimos aquellas que fueron adoptadas durante el primer período o First New Deal que se desarrolló durante los años 1933 y 1934 y aquellas otras que se ejecutaron durante el segundo o Second New Deal durante los años 1935 a 1937, que tuvo un carácter más radical centrándose entonces en reformas específicas de apoyo a los trabajadores.

La diferencia entre una y otra etapa es que la primera se dirige a adoptar medidas de reforma y recuperación de la economía de gran alcance como las inversiones públicas para reactivar la economía y reducir el paro, mientras que a la segunda etapa se le une una iniciativa de mejoras sociales. La expresión acuñada: cien días de gobierno o first hundred days tuvo su origen en todas las medidas políticas, muchas de ellas comunes para las dos etapas del New Deal, aprobadas en los cien primeros días de gobierno de Roosevelt en La Casa Blanca. En dicho período, durante los meses de marzo, abril y mayo, el gobierno Roosevelt se empleó con gran energía: fue abundante la legislación impulsada desde el poder ejecutivo. Adoptó las medidas excepcionales más severas para conseguir recuperar y reactivar la economía mediante un incremento del gasto público.

En su discurso de toma de posesión como presidente de EE.UU. Roosevelt expresó su deseo de recuperación de la economía mediante la utilización de un concepto popular de trabajo que trasluce la preocupación del nuevo presidente por el desempleo. También evidencia el carácter de extrema gravedad de la crisis económica comparándola con la realidad vivida por su país en tiempos de guerra:

«Nuestra mayor tarea, la primera, es volver a dar trabajo al pueblo. Esto no es un problema insoluble si nosotros lo afrontamos con prudencia y valentía. Ello puede realizarse, en parte, mediante una contrata directa por parte del Gobierno, como en caso de guerra, pero, al mismo tiempo, llevando a cabo mediante esta contrata los trabajos más necesarios para estimular y reorganizar el uso de nuestros recursos naturales. Paralelamente a esta acción debemos reconocer francamente que nuestros centros industriales están superpoblados, y comprometiéndonos a una nueva distribución a escala nacional, esforzarnos para que se haga un mejor uso de la tierra y por parte de aquellos que son los más aptos para ello7».


Medidas adoptadas durante la primera etapa del New Deal
La primera etapa del New Deal o First New Deal se concreta en la adopción de las medidas políticas más importantes para tratar de sacar a la economía norteamericana de la postración y restablecer la confianza de los ciudadanos en el gobierno de la nación. Los americanos demandaban una acción inmediata y Roosevelt, con un gran entusiasmo, respondió con programas novedosos que recibieron el apoyo del congreso, el cual accedió a cualquiera de sus requerimientos. Se adoptan las siguientes decisiones gubernamentales:
  • El programa del New Deal se inició con inversiones en obras públicas con el objetivo de crear empleo. Se procedió a la creación del plan piloto de obras públicas Autoridad del Valle del Tennessee: Tennessee Valley Authority Plan (TVA) en 1933. Era un plan de obras públicas financiado por el estado para lograr el desarrollo agrícola e industrial de una de las regiones más críticas de los EEUU de América. Mediante la construcción de presas se generó energía eléctrica a bajo precio y se atrajo así el interés de nuevas industrias que se instalaron en esta zona alentadas también por la mano de obra barata. El proyecto tuvo un gran impacto psicológico para el ciudadano norteamericano que por primera vez vio el enorme potencial del protagonismo de la acción estatal en la dirección de los nuevos negocios que empezaba a acometer su país. También influyó positivamente la creación de la Dirección Federal de Ayudas Urgentes con el objetivo de conceder préstamos a aquellos estados que estuvieran más afectados por el desempleo.
  • Se reformó el sector financiero con el fin de controlar a los bancos y evitar especulaciones: regulate Wall Street. Se procedió a la aprobación de la Ley de Emergencia Bancaria, de una Ley Económica y se introdujeron los controles bancarios necesarios para evitar que no se repitiera un nuevo crack bursátil. Gracias a estas leyes se reguló el sistema bancario y de Wall Street, se pudo crear un sistema estatal de garantía de depósitos y se sanearon gran parte de los bancos que fueron cerrados en un inicio restableciéndose los créditos. Se creó la Comisión Nacional de Valores para poder regular la emisión de acciones y controlar las operaciones del cambio de valores: Securities and Exchange Comisión (SEC). Se añade la creación de otra agencia: Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) encargada de velar por los depósitos bancarios.
  • Se llevó a cabo la Reforma Agraria o Ley de Ajuste de la Agricultura: Agricultural Adjustment Act (AAA) en 1933. El objetivo del plan agrícola era conseguir la recuperación del sector que continuaba sufriendo una profunda crisis desde el año 1921 debido fundamentalmente al exceso de producción, lo que provocó en aquella década un éxodo rural de millones de agricultores a las ciudades.

«La producción agrícola se manifiesta con una violenta crisis de precios (su nivel medio baja en Estados Unidos en un 57% de junio de 1929 a diciembre de 1932) que es el resultado de la contracción del poder adquisitivo de las ciudades y arrastra consigo la pérdida de dicho poder adquisitivo en el campo y en consecuencia, el menor consumo de artículos que han de ser comprados. Por donde quiera que hay explotaciones agrícolas, éstas vuelven a la economía de subsistencia y viven de los productos de la propia finca sin cambiarlos con objetos manufacturados.(…) En fin, al interrumpir el éxodo habitual de la población rural hacia las ciudades, la crisis incrementa la oferta de mano de obra agrícola e impone la disminución de los salarios, en la que colabora el desarrollo de la economía de subsistencia que anima a los explotadores a despedir a los obreros asalariados y a reemplazarlos por miembros de su familia. El paro urbano produce de esta manera el paro rural»8.


La administración Roosevelt tuvo como objetivo el controlar la producción y disminuir los excedentes para incrementar el precio de los productos agrícolas. Si el gobierno conseguía parar la producción agrícola para que no aumentara la oferta de productos, los precios de los productos agrícolas subirían. Se creó también la Dirección de Regulación Agrícola que estableció la aprobación de subsidios y créditos a los agricultores para reducir la producción agrícola (cosechas de frutas, algodón) y pecuaria y conseguir estabilizar los precios. Esto redundó en una mejora del nivel de vida de los campesinos y también benefició a las ciudades que vieron incrementada la demanda de bienes industriales y de servicios. La ley indemnizó a los campesinos que redujeron sus superficies cultivadas.
  • La ley de Recuperación Industrial Nacional: Nacional Industrial Recovery Act (NIRA) publicada en 1933 estableció un sistema de estabilización industrial para impedir la libre competencia, mantener los precios, procurar unos beneficios mínimos a los empresarios, eliminar aquellas prácticas de competencia desleal que pudieran provocar la caída de la economía y promover la formación de sindicatos. El gobierno tuvo el protagonismo en la dirección de la mayoría de las industrias que, asumiendo un nuevo carácter corporativista, se fueron coordinando dentro de un mismo sector industrial estableciendo entre ellas acuerdos y normas para la libre concurrencia en el mercado. El estado colaboró así con la empresa privada para conseguir la mejora de los beneficios empresariales.

Medidas adoptadas durante la segunda etapa del New Deal
La segunda etapa del New Deal o Second New Deal se inicia fundamentalmente a partir de 1935 tras recuperar la confianza del país y se diferencia de la anterior debido al tipo de medidas legislativas más drásticas y radicales adoptadas en este período con el objetivo de mejorar la situación de desempleo. Medidas de mayor contenido social que económico pues era creciente el clamor de las capas más desfavorecidas de la sociedad solicitando a Roosevelt, que había sido reelegido de nuevo en 1936, [Hasta el año 1951 era posible que un Presidente se presentara a elecciones por más de dos términos consecutivos. Sin embargo, todos los presidentes que gobernaron antes de Franklin Delano Roosevelt cumplieron una tradición iniciada por George Washington y sólo gobernaron durante dos períodos máximos. Roosevelt fue la primera excepción, el único presidente de EE.UU. que ha gobernado más de dos períodos, siendo reelegido para su tercer período durante la II Guerra Mundial, e incluso fue electo para un cuarto período, pero murió en el puesto meses antes de iniciarlo. Posteriormente se aprobó una enmienda a la Constitución norteamericana que ya imposibilitó un tercer mandato para el presidente estadounidense: la Enmienda 22 de la Constitución permite ser electo presidente sólo dos veces (consecutivas o no).] nuevas medidas de protección social del ciudadano, especialmente aquellas capaces de mejorar la situación de desempleo.

La legislación laboral desarrollada durante este segundo período adquiere una especial relevancia jurídica. El presidente ya había expresado esta realidad en su discurso de presentación con la siguiente expresión: «veo a un tercio de mi pueblo mal alimentado, mal vestido, mal alojado». Fue relevante y un gran acierto que el presidente Roosevelt siempre tuviera en mente a la gente corriente y estuviera cerca del pueblo americano tratando de aplicar una política pragmática acorde con sus necesidades económicas. El Estado encarnaba los deseos sociales de la nación.
Para poder desarrollar su nueva política industrial se procuró la colaboración de las empresas privadas con el Estado otorgando ayudas económicas a cambio de que éstas estabilizaran los precios y los beneficios empresariales.

Se creó una agencia gubernamental, como medida de socorro: la Administración para el Progreso del Empleo: Work Progress Administration (WPA) con el objetivo de proporcionar empleo público. Se empleó a 3.800.000 parados entre los años 1935 y 1941 que contribuyeron con su trabajo a la mejora de las infraestructuras del país: se construyeron numerosos edificios públicos, carreteras, puentes, aeropuertos, colegios, y en general todo tipo de obras públicas, lo que contribuyó a modernizar el país. Además se publicó la Ley de Relaciones Laborales Nacionales o Ley Wagner: Nacional Labour Relations Act (NLRA), de 5 de julio de 1935, que reguló el derecho de los trabajadores a la sindicación y a la negociación colectiva en sus empresas, garantizando también el derecho a la huelga. La Ley de Seguridad Social o Social Security Act estableció por su parte un plan de pensiones federales para la jubilación junto a la regulación de los subsidios por desempleo.

Evaluación de los resultados del programa New Deal
El New Deal llegó a su fin hacia el año 1938 cuando las causas que originarían la segunda guerra mundial ya empezaban a vislumbrarse e hicieron volver la mirada de la administración demócrata americana hacia Europa. Estudiado en su conjunto, no consiguió la totalidad de sus objetivos pues no logró acabar con la depresión. Se denomina también Ley Wagner debido a que fue iniciativa del senador Robert Wagner. Gracias a su persona se consiguió la sindicación masiva de trabajadores industriales. Desde el punto de vista económico no podemos afirmar que solucionara la crisis pero sí supuso una recuperación, mejoró sensiblemente la situación de crisis de la economía norteamericana y consiguió una estabilización en vez de un crecimiento. Supuso un aumento extraordinario en inversiones públicas que no fue correspondido por la iniciativa privada. Todo ello conllevó un fortalecimiento del poder presidencial sobre todos los estados y una revitalización de la política en EE.UU. Desde un punto de vista social, la presidencia de la República permitió adoptar unas medidas sociales de protección que mejoraron las condiciones de vida de los ciudadanos reduciendo los efectos de la crisis sobre la clase trabajadora. A pesar de que en 1939 el paro aún afectaba a diez millones de estadounidenses, éstos podían disfrutar de una buena cobertura social que no existía antes del comienzo del programa.

Psicológica y moralmente el New Deal también supuso un alivio para los obreros, que, beneficiados de las concesiones del programa, e inmersos en un nuevo clima de optimismo inexistente desde 1929, volvieron a depositar su confianza en la democracia de los EE.UU. de América. Este dato era llamativo debido a que dicho sistema se estaba debilitando prácticamente en toda Europa con el ascenso de regímenes autoritarios (fascismo italiano, nazismo alemán) en este período de entreguerras.

La llamada «Revolución Roosevelt» dio una respuesta decidida y valiente a los acontecimientos catastróficos sucedidos en 1929, supuso una obra legislativa de gran envergadura y de cambios institucionales importantes absolutamente novedosos con respecto a lo experimentado anteriormente por parte de cualquier administración norteamericana. Nacería así un capitalismo reformado, reforzado, salvado mediante la regulación estatal. El New Deal corrigió los efectos negativos del capitalismo. Una nueva economía social de mercado acababa de inaugurarse sentándose las bases del Estado del bienestar. Los republicanos accederían al gobierno tras dos nuevas reelecciones sucesivas de Roosevelt en 1940 y 1944, una vez finalizada la segunda guerra mundial, y, a pesar de haber calificado el programa como obstáculo a la recuperación económica y traición al liberalismo norteamericano, mantuvieron muchas de sus reformas.

María Serrano Segarra. «La crisis económica de 1929: Roosevelt y el New Deal». Revista de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de Elche, Volumen I – Número 6 – Marzo de 2010 – págs. 112-130.

Bibliografía
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6. EGIDO LEÓN, A., La historia contemporánea en la práctica, Madrid, Centro de Estudios Ramón Areces D.L.1996.
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