De la fotografía estática a la imagen animada

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NAVEGACIÓN: Monografía independiente de la línea secuencial principal. Para salir utilice «TODAS las SECCIONES»

Material complementario disponible:
Secuencia cinematográfica: Hermanos Lumière - VER
Secuencia cinematográfica: Pobre Pierrot/E. Reynaud - VER
Documento: Carreta con el equipo del fotógrafo de guerra Matthew Brady - IMAGEN
Documento: El galope de Daisy - Muybridge - IMAGEN
Documento: Praxinoscopio - Emile Reynaud - IMAGEN
Documento: Hombre blanco caminando desnudo - Marey - IMAGEN
Documento: Zootropo en acción - ANIMACIÓN


La idea del cinematógrafo es muy antigua. Se puede establecer en el año 1654, cuando el sacerdote alemán Atanasio Kircher experimenta con imágenes en movimiento gracias a su linterna mágica. Más de un siglo después llegarán las fantasmagories de Gaspard Robert, un espectáculo llamativo basado en figuras pintadas sobre placas de cristal que, en el año 1798, constituyen las primeras proyecciones públicas de que se tiene noticia.

La fotografía, calificada como una de las artes que más ha caracterizado al siglo XX, se ha desarrollado gracias a la inventiva creativa de muchos científicos y técnicos de diferentes orígenes movidos por intereses dispares.

La imagen que hoy se percibe del paparazzi gráfico, dinámico y agresivo, nada tiene que ver con la del reportero fotográfico del último cuarto del siglo XIX cuyo equipo portátil consistía, como mínimo, en una tienda de campaña, una mesa plegable, un rimero de sustancias químicas y una cámara de gran tamaño.

El verdadero comienzo de la fotografía suele situarse en Francia y en los inicios del siglo XIX, cuando Joseph Nicéphore Niepce produjo una imagen sobre vidrio obtenida con una cámara oscura. No obstante su desarrollo espectacular se inicia con el daguerrotipo inventado por Louis Daguerre, artista francés que trabajaba con Niepce.

El daguerrotipo es un proceso por el cual se obtiene una imagen en positivo a partir de una placa de cobre recubierta de yoduro de plata. Tras ser expuesta a la luz, la imagen latente se revelaba con vapores de mercurio que da como resultado una imagen detallada. Debido a lo delicado de esa superficie se hacía necesario protegerla de la abrasión mediante cristal y sellar el conjunto para evitar su ennegrecimiento por el contacto con el aire. El procedimiento obtuvo tal éxito que se llegó a asegurar que la humanidad estaba atacada de daguerreotipomania. Casi todo lo cotidiano y visible fue apresado por el daguerrotipo, incluida la mano de Víctor Hugo.

Pero lo embarazoso del equipo fue durante mucho tiempo un gran inconveniente. Ejemplo paradigmático de ello es el enorme vehículo que el fotógrafo Matthew Brady arrastraba penosamente para captar sus famosas imágenes de la guerra civil de los Estados Unidos, en 1860. El interés por aliviar equipamiento y métodos, junto a la búsqueda de trucos de cámara, promueve investigaciones y ensayos, especialmente a partir de 1885. Distinguidos científicos, profesionales y voluntarios se empeñan en ello: El matemático de Oxford, Charles Dodgson1 o los novelistas Charles Kingsley y Samuel Butler. El juez norteamericano Oliver Wendel Holmes, llegó a afirmar que la cámara fotográfica era «un espejo con memoria».

Las posibilidades reales del cinematógrafo fueron adivinadas por el físico belga Joseph-Antoine Plateau, que, en el 1828, mediante un artilugio de su invención mostraba imágenes en movimiento. Basándose en el principio de la persistencia de las imágenes luminosas en la retina del ojo, en el año 1832 construye el fenakistiscopio que permite, por primera vez, contemplar una imagen en movimiento. Un año después, el matemático austriaco Simon von Stampfer, daba forma a su estroboscopio que permite ver un objeto que gira sí mismo como si estuviese quieto o rotando muy despacio.

Pero fueron una apuesta de veinticinco mil dólares, un caballo y un hipódromo, las causas que llevaron a la primera tentativa feliz para lograr la descomposición del movimiento mediante la fotografía. En 1872, Leland Stanford, antiguo Gobernador de California, interviene en una disputa: Un caballo al galope, ¿llega a mantener en algún momento sus cuatro patas a la vez en el aire? Los jinetes no comparten la forma en que los artistas dibujan caballos en movimiento mostrando sus cuatro patas extendidas en arco sin tocar el suelo.

Para solventar la cuestión, Stanford demanda del fotógrafo inglés Edward Muybridge una prueba fotográfica que pusiera fin al debate. Hacia 1870, el inventor francés Marey había establecido el movimiento del caballo mediante un aparato registrador atado a su pata. No quedó una prueba fotográfica de su descubrimiento, pero los dibujos que se hicieron demostraron que un caballo al galope se sostenía en una herradura, luego en tres, después en dos y otra vez en una. Con tal información, Stanford construyó un hipódromo especial en su propiedad de Palo Alto, y en 1877, Muybridge y un ingeniero, John D. Isaac, instalaron una batería de veinticuatro cámaras fotográficas a lo largo de la pista. A través de ella se tendió una cuerda que comunicaba con los disparadores de las cámaras. El paso del caballo activa el dispositivo que hace disparar sucesivamente las cámaras. De este modo obtuvo Muybridge la primera serie de fotografías de un caballo al galope.

Marey, un médico empeñado en el estudio del movimiento, a través de sus investigaciones acerca de la naturaleza del sistema circulatorio, la presión sanguínea y la pulsión de los músculos y órganos internos, sobre los que publica en 1868 el ensayo El Movimiento de las funciones vitales, se interesa por el dinamismo de los cuerpos en el tiempo y el espacio como un componente uno del otro, y trata de visualizarlos sintetizando el movimiento mediante un montaje de las fotografías que permita su reconstrucción. Así, tras apreciar que la utilización de un fondo negro permite realizar varias impresiones sobre una misma placa, realiza su famoso «Hombre blanco caminando desnudo». Para conseguirlo reinventa un instrumento que, en su origen, permitía observar y registrar el movimiento de los cuerpos celestes, una especie de “fusil fotográfico” con el que capta 25 exposiciones de hasta 1/1440 de segundo, que registra de manera precisa las diversas secuencias desde ángulos distintos en una sola placa, a lo que llama Cronofotografía2.

El popular Zootropo, divertimento creado por el matemático de Bristol William Horner, allá por 1834, consistente en un cilindro con ranuras verticales a distancia regular que, al girar sobre un eje central, dejan ver, mediante una banda con dibujos colocada en su interior que representan diferentes fases sucesivas de un objeto, la escena representada en movimiento, es el antecedente lejano para el electrotaquitoscopio del doctor alemán Ottomar Anschütz, de 1889. Ahora es una rueda metálica horizontal movida a mano que utiliza una fuente eléctrica intermitente para iluminar brevemente las imágenes, fotografías en vidrio, principalmente de animales.

Por esas mismas fechas, el francés, Emile Reynaud idea su Praxinoscopio-Teatro que permite contemplar imágenes en movimiento reflejadas sobre un simulado proscenio teatral, superpuestas a decorados también proyectados, sistema innovador que perfecciona en lo que denomina Teatro Óptico, donde utiliza por la primera vez bandas transparentes y perforadas, que proporcionaban hasta quince minutos de espectáculo, en bobinas para proyectar imágenes. Estrenado en París en octubre de 1892 en el Gabinete Fantástico del Museo Grevin, se calcula en más de quinientos mil sus espectadores hasta el año 1900.

Pero, como en tantas otras cosas, serán los trabajos de Thomas Alva Edison en 1889, patentado en 1891, sobre lo que él llamó kinetógrafo, artilugio que relacionaba el eje del obturador de una cámara con un fonógrafo y permitía grabar de manera simultánea sonido e imagen, lo que facilite definitivamente el desarrollo del séptimo arte, en contra de la opinión del propio inventor que lo consideraba como un simple espectáculo para gente solitaria.

El kinetoscopio era una máquina en cuyo interior discurría una película en movimiento continuo entre una lente y un foco o fuente de luz. No había proyección en pantalla y era preciso aplicar el ojo a una ranura para contemplar el desarrollo de una pelea de boxeo o las evoluciones de una bailarina.

Las primeras proyecciones hay que datarlas en 1894 gracias al empeño de los norteamericanos Mervyn Le Royy los hermanos Tate. Será, no obstante en Francia, en diciembre de 1895, en el Salón Indien del Gran Café del Boulevard de los Capuchinos de París, cuando los hermanos Lumière exhiban ante una multitud incrédula sus realizaciones sobre la entrada de un tren en la estación, la partida de una barca de remos del puerto, o la salida de los obreros de la fábrica Lumière de Lyon, cuando comience de manera oficial la historia del cine.

Aunque en 1910, con ayuda del cronófono de Decaux y Laudet, Léon Gaumont, se interesa por las posibilidades del cine sonoro, no será hasta 1927 cuando se proyecte el primer largometraje sonoro, sincronizando un disco y un proyector: El cantor de jazz, de la Warner Brothers. A partir de aquí su evolución fue imparable.

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