Apendice poético

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«Das Karussell»
Jardin de Luxembourg

Dach und seinem Schatten dreht
sich eine kleine Weile der Bestand
von bunten Pferden, alle aus dem Land,
das lange zögert, eh es untergeht.

Zwar Manche sind an Wagen angespannt;
doch alle haen Mut in ihren Mienen;
ein böser roter Löwe geht mit ihnen
und dann und wamm ein beiβer Elefant.

Sogar ein Hirsch ist da, ganz wie im Wald,
nur daβ er einen Sattel trägt und drüber
ein kleines blaues Mädchen aufgeschnallt.

Und auf dem Löwen reitet weiβ ein Junge
und hält sitch mit der kleinen heiβen Hand,
dieweil der Löwe Zähne zeigt und Zunge.

Und dann und wann ein weiβer Elefant.

Und auf den Pferden kommen sie vorüber,
aud Mädchen, helle, diesem, Pferdesprunge
fast schon entwaschsen; mitten in dem Schwunge
schauen sie auf, irgendwohin, herüber…

Und dann und wann ein weiβer Elefant.

Und das geht hit und eilt sich, daβ es endet,
und kreist und dreht sich nur und hat kein Ziel.

Ein Rot, ein Grün, ein grau vorbeigesendet,
ein kleines kaum begonnenes Profil…

Und manchesmal ein Lächeln, hergewendet,
ein seliges, das blendet und verschwendet
an dieses atemlose blinde Spiel…


«El tiovivo»
Jardín de Luxemburgo

Con un tejado y con su sombra gira
un breve rato el conjunto
de caballos de colores, todos del país,
que vacila mucho antes de desaparecer.

Aunque algunos están enganchados a un coche,
todos tienen valor en su ademán;
un león rojo y malo va con ellos
y, de cuando en cuando, un elefante blanco.

Hay incluso un ciervo, igual que en el bosque,
sólo que lleva silla y encima
una niñita, sujeta a las correas.

Y en el león cabalga, blanco, un niño
y se agarra con su manita caliente
mientras muestra el león los dientes y la lengua.

Y, de cuando en cuando, un elefante blanco.

Y sobre los caballos pasan niñas
también, claras, ya casi demasiado crecidas
para estas cabriolas; en medio del impulso
alzan la mirada, a cualuier parte, hacia aquí…

Y, de cuando en cuando, un elefante blanco.

Y esto avanza y se apresura por acabar
y gira y sólo da vueltas y no tiene rumbo.

Un rojo, un verde, un gris, que están pasando,
un pequeño perfil, apenas comenzado…

Y una sonrisa a veces, vuelta hacia aquí,
dichosa, que deslumbra y se disipa
en el vetiginoso y ciego juego…

Rainer Maria Rilke, «Das Karussel» /«El Carrusel», Nuevos Poemas, traducción, introducción y notas Federico Bermúdez-Cañete, texto bilingüe, Madrid, Hiperión, 1991, pp. 162-163.



«Blaue Hortensie»

So wie das letzle Grün in Fabentiegeln,
sind diese Blätter, trocken, stumpf und rauh,
hinter den Blütendolden, die ein Blau
nicht auf sich tragen, nur von ferne spiegeln.

Sie spiegeln es verweint und ungenau,
als wollten sie es wiederum verlieren,
und wie in alten blauen Briefpapieren
ist Gelb in ihnen, Violett und Grau;
verwaschnes wie and einer Kinderschürze,
nichmëhrgetragnes, dem nichts mehr geschieht:
wie fühlt man eines kleinen Lebens Kürze.

Doch plötzlich scheint das Blau sich zu verneuen
in einer von den Dolden, und man sieht
ein rürhrend Blaues sich vor Grünem freuen.


«Hortensia azul»

Como el último verde en botes de pintura
son estas hojas, secas, romas, y ásperas,
detrás de los corimbos, que sobre sí no se elevan
un azul, sino sólo lo reflejan de lejos.

Lo reflejan lloroso e impreciso
como si quisieran perderlo otra vez
y como en antiguos papeles de carta azules
hay amarillo en ellos, y violeta y gris;
algo desteñido como un mandil de río,
algo que ya no se lleva, a lo que ya no ocurre nada:
cómo se siente la brevedad de una pequeña vida.

Mas de pronto el azul parece renovarse
en uno de los corimbos, y se ve
algo conmovedoramente azul, alegrándose ante lo verde.

Rainer Maria Rilke, «Blaue Hortensie»/«Hortensia azul», Nuevos Poemas, traducción, introducción y notas Federico Bermúdez-Cañete, texto bilingüe, Madrid, Hiperión, 1991, pp. 132-133.



«Sinfonía en amarillo»

Un ómnibus cruza el puente
con la lentitud de una mariposa amarilla,
y aquí y alla se ve a un transeúnte
que asemeja una pequeña mosca inquieta.

Grandes barcazas llenas de heno amarillo
van y vienen frente al oscuro emarcadero,
y como una bufanda de seda amarilla,
la espesa niebla pende sobre el muelle.

Las hojas amarillas empiezan a secarse
y revolotean desde los olmos del Temple,
y a mis pies el verde y pálido Támesis
yace como una barra de rizado jade.

Oscar Wilde, «Sinfonía en amarillo», en Poesías completas, prólogo y traducción M.ª Ángeles Cabré.



«Crisis de versos»

El hecho de hablar sólo tiene que ver con la realidad de las cosas bajo un punto de vista comercial: en literatura, basta con hacer una alusión a ella o con abstraer su cualidad, que incorporará alguna idea.

Con esta condición se eleva el canto, una alegría exonerada.

A este enfoque lo llamo Transposición —la Estructura, otro.

La obra pura implica que el Poeta desaparece como locutor, cediendo la iniciativa a las palabras, movilizadas por el choque de su desigualdad; ellas encienden recíprocos reflejos como un virtual reguero de fuego en la pedrería, substituyendo la respiración perceptible en el antiguo soplo lírico, o la entusiasta dirección personal de la frase.

Stéphane Mallarmé, «Crisis de versos», en Prosas, estudio preliminar, notas e índices Javier del Prado; traducción Javier del Prado y José Antonio Millán; Madrid, Alfaguara, 1987, p. 238.


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