La televisión mecánica

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NAVEGACIÓN: Monografía independiente de la línea secuencial principal. Para salir utilice «TODAS las SECCIONES»

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La transmisión de imágenes estáticas mediante métodos eléctricos fue un ideal perseguido casi desde el mismo instante en que fue inventado el telégrafo. Empero, la transmisión de imágenes en movimiento necesitó de unos cuantos años más para incorporar nuevas ideas y perfeccionar algunos componentes que resultaban imprescindibles para lograr su viabilidad técnica […]. Cuando Shelford Bidwell, en 1908, analizó los sistemas de Carey y de Senlecq, llegó a la conclusión de que era necesario multiplexar en el tiempo un mínimo de 90.000 circuitos eléctricos para poder transmitir una imagen con calidad suficiente1. Se comprende, por tanto, que se buscaran soluciones alternativas para el progreso de la televisión, las cuales llegaron desde dos aproximaciones diferentes al problema: de una parte, a través de mecanismos de barrido óptico de la imagen y, de otra, mediante mecanismos de barrido electrónico […].

El «disco» de Nipkow
El problema principal de los telectroscopios basados en la descomposición de la imagen en píxeles, como los de Carey o Senlecq, no era tanto que las células de selenio del transmisor y las lámparas incandescentes del receptor tuvieran una respuesta muy lenta a los cambios de luminosidad de la escena, como el hecho de que fuera necesario un canal de comunicación independiente para cada uno de los elementos de la imagen. A partir de la década de 1880, empezó a extenderse la necesidad de desarrollar alguna clase de mecanismo que permitiera dividir la escena en un cierto número de píxeles para ser transmitidos de forma secuencial hasta el receptor, empleando un único canal de comunicación, y poder recomponerla, nuevamente, como si de un rompecabezas se tratara. Esta operación, conocida como barrido, debía efectuarse a tal velocidad que un espectador que observara la imagen así elaborada, tuviera la misma sensación visual que si contemplara la escena real con sus propios ojos. Bain y Bakewell, cuarenta años antes, ya habían apuntado la idea del barrido de una imagen estática, línea por línea, como base de funcionamiento de sus aparatos telegráficos del sistema autográfico o telégrafos de imágenes, lo que unido a la conocida persistencia visual de la imagen en la retina del ojo, inspiró en el alemán Paul Gottlieb Nipkow (1860-1940) un original mecanismo que permitía transmitir una imagen en movimiento a través de un único canal de comunicación.

El invento de Nipkow, patentado en 1884, consistía en un disco sólido de metal, con una serie de pequeños orificios practicados cerca de su borde siguiendo una curva en forma de espiral. Nipkow, que no llegó a construir su invento, imaginaba que hacía girar su disco frente a una escena iluminada, de modo que la luz reflejada por aquella atravesaba los orificios y se concentraba, mediante una lente, en una única célula de selenio. Los orificios estaban situados de tal forma en el disco, que sólo uno de ellos quedaba frente a la lente cuando giraba, barriendo en su movimiento una línea diferente de la imagen. Puede decirse, por tanto, que el efecto resultante era el mismo que el conseguido por el sistema de Senlecq, solo que utilizando un único sensor y sin necesidad de tener un conmutador rotativo. En el receptor, Nipkow proponía excitar una única lámpara incandescente con la corriente procedente de la célula de selenio del transmisor, proyectando su luz sobre un disco de iguales características que el anterior y que giraba sincronizado con aquél. De nuevo, los orificios del disco estaban dispuestos de tal forma que sólo uno recibía la luz directa de la lámpara a medida que el disco giraba, proyectando, en su movimiento, la traza de una línea diferente de la imagen en cada revolución […]. Finalmente, puesto que cada vuelta del disco representa un cuadro de la imagen, para poder alcanzar una frecuencia de refresco de 20 cuadros por segundo —valor éste muy convencional— se tendría que hacer girar el disco a una velocidad de 1.200 revoluciones por minuto, lo que unido a su enorme dimensión puede dar una idea de la complejidad mecánica del sistema y la dificultad de sincronizar el giro de los discos del transmisor y del receptor.

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El «televisor» de Logie Baird
John Logie Baird (1888-1946) nació el 13 de agosto de 1888 en Helensburgh […]. Desde muy joven, Baird sintió una gran curiosidad por la transmisión de imágenes. […]. En la ciudad costera de Hastings, situada al sudeste de Inglaterra, realizó sus primeras experiencias conocidas sobre televisión durante el invierno de 1922 a 1923, utilizando como mecanismo de barrido un disco de Nipkow y como célula fotosensible una de selenio que él mismo había perfeccionado. Pese a que los resultados que alcanzó aquel invierno fueron prometedores, el eco conseguido fue más bien escaso, lo que motivó que se trasladara a Londres buscando mejor fortuna. Allí, el 25 de julio de 1923 presentó una especificación provisional de la que habría de convertirse en su primera patente de televisión, que completó con mayor profusión de detalles el 21 de mayo de 1924, y de la que recibió su concesión definitiva el 9 de octubre siguiente2.

Pero no fue hasta 1925 cuando la suerte, que tanto buscaba Baird, llamó a su puerta. El dueño de los conocidos almacenes Selfridge’s de Londres, Gordon Selfridge, buscaba una atracción para su Birthday Week —una especie de «Semana Fantástica» a la inglesa—, similar a las campañas publicitarias que hoy se organizan con estrellas del cine y de la música. Selfridde tenía un amigo, vecino de Baird, que le aconsejó utilizar como reclamo publicitario el llamativo artefacto del inventor escocés. De esta forma fue como, en marzo de 1925, Baird acabó realizando tres demostraciones diarias de su sistema de televisión, durante tres semanas, en los almacenes Selfridge’s de la calle Oxford, lo que le reportó, ahora sí, una enorme popularidad3. En mayo siguiente, Jack Buchanan, estrella teatral en ascenso y amigo de escuela de Baird en Helensburgh, quiso aportar su particular grano de arena a la difusión del invento, organizando un almuerzo con la prensa en un restaurante de moda de la capital británica, llamado «Romano». La mayor parte de las notas de prensa de aquel evento fueron laudatorias, si bien el Daily Graphic, en un tono bastante burlón, calificó el televisor de Baird como un «montón de poleas, ruedas y trozos de cartón»4.

Las imágenes que Baird alcanzó a reproducir en sus primeras demostraciones fueron, de hecho, bastante crudas. Apenas conseguía una variación de grises apreciable, de forma que los rostros se mostraban como grandes manchas de luz, con huecos negros que representaban los ojos y la boca. De modo que, durante el verano siguiente y hasta bien entrado el otoño, tuvo que dedicarse a perfeccionar su sistema antes de intentar ninguna presentación pública más.
En sus ensayos, Baird utilizaba como modelo la cabeza de un muñeco de ventrílocuo, bautizado con el nombre de «Stooky Bill», que llegaría a hacerse tan famoso como el propio inventor. Por fin, durante la primera semana del mes de octubre de 1925 y tras meses de pacientes esfuerzos, consiguió ver la cara de Stooky Bill en su pantalla receptora, no como un contorno, sino como una imagen próxima a la de una fotografía. El propio Baird, en un libro que recoge sus memorias, escrito por su hijo Malcolm en 2004, narra con cierta gracia la excitación del momento5:

«Bajé corriendo el pequeño tramo de escaleras hasta la oficina de Mr. Cross y agarré por el brazo a su joven dependiente, William Taynton, tirando de él escaleras arriba y sentándole enfrente del transmisor. Entonces me fui hasta el receptor donde me encontré con la pantalla en blanco. Resultó que a William le asustaba la terrible claridad de los focos y el estruendoso zumbido de los discos y se había apartado del objetivo. Ante esta situación le di media corona y le empujé de nuevo a su posición. En esta ocasión la imagen de William llegó clara hasta la pantalla del receptor y vi su rostro parpadeante, pero claro, ante mí.
Era la primera cara que se veía por televisión y su dueño había tenido que ser sobornado por el privilegio de semejante distinción».

Con todo y con ello, ganarse el respeto de la comunidad científica requirió algo más de arte y unas dosis adicionales de formalidad. Baird y su nuevo socio, el hombre de negocios irlandés Oliver George Hutchinson, organizaron una demostración privada para un selecto grupo de miembros de la prestigiosa Royal Institution británica, que tuvo lugar el 26 de enero de 1926 en el ático del domicilio de Baird, situado en el número 22 de la calle Frith. Los visitantes quedaron gratamente impresionados y la edición del periódico The Times, dos días después, recogió la noticia dedicando grandes elogios al aparato que Baird había bautizado con el nombre de Televisor6[…].

La demostración organizada por Baird y Hutchinson, para los miembros de la Royal Institution, consiguió el efecto perseguido y su conocimiento permitió recabar los apoyos económicos necesarios para fundar, en abril de 1927, la Baird Television Development Company, empresa con la que Logie Baird afrontó, a partir de entonces, demostraciones cada vez más ambiciosas: entre el 24 y el 26 de mayo de ese mismo año, realizó diferentes transmisiones de televisión, desde Londres hasta Glasgow, a través de las líneas telefónicas; en febrero de 1928 consiguió transmitir imágenes, por onda corta, desde Londres hasta Nueva York, logrando un hito que el New York Times comparó con la hazaña de Marconi de 1901; y por fin, en agosto de 1929, la BBC británica, que tenía el monopolio de la radiodifusión en Gran Bretaña, aceptó ampliar su programación con las retransmisiones de televisión que Baird comenzó a emitir desde los estudios de la BBC, en Savoy Hill, en horario nocturno, a partir del momento en que finalizaba la programación de radio7. El sistema utilizado por Baird en aquellas primeras transmisiones de televisión alcanzaba las 30 líneas por cuadro, barridas en vertical, con una frecuencia de refresco de 12,5 cuadros por segundo y una relación de aspecto de la imagen de 3:7. En 1930, la Baird Television Development Company dio paso a la Baird Television Ltd., compañía que agrupó bajo una misma razón social todas las actividades que Baird y sus asociados venían desarrollando hasta esa fecha: fabricación y comercialización de receptores, construcción y mantenimiento técnico de transmisores, organización de proyecciones públicas e, incluso, producción de programas de televisión para la BBC. Fueron muy populares, por ejemplo, la retransmisión de las finales del Derby de Epsom, celebradas los años 1931 y 1932.

Este último año, empero, marcó el inicio del declive de Baird. La BBC consideraba que la explotación del nuevo medio debía hacerse desde la misma corporación estatal y tomó la importante decisión de asumir la producción de sus propios programas de televisión. La Baird Television, por otra parte, empezaba a sentir la acuciante presión de las deudas y uno de los socios financieros de la empresa, Sydney A. Moseley, promovió la entrada de la Gaumont British Film Corporation en su capital, operación que tuvo lugar en enero de 1932. La Gaumont British Film Corporation era una poderosa productora cinematográfica para la que la televisión representaba, tan sólo, la gran oportunidad de crear una inmensa red de distribución de sus propias películas ampliándola hasta los hogares. El nuevo propietario tomó el control de la compañía y relevó a Baird de sus competencias ejecutivas en la empresa. Pasó a ocupar el cargo, más honorífico que real, de Director General y se le encargó el desarrollo de un equipo que generase la señal de televisión a partir de una cinta de película. El aparato, conocido como «telecine», fue presentado al público en la reunión anual de la British Association for the Advancement of Science, celebrada el 12 de septiembre de 1933, y puesto a prueba, días más tarde, con unas transmisiones realizadas por radio desde los nuevos estudios de la compañía, situados en el Crystal Palace, en lo alto de la colina Sydenham, al sur de Londres8. A partir esta experiencia, Baird introdujo una nueva técnica conocida como «película intermedia», que permitía rodar una escena, revelar la cinta y explorarla con el «telecine» —todo en un minuto, más o menos— para producir la señal de televisión sin necesidad de utilizar ninguna cámara de televisión. Con esta nueva técnica de transmisión y el uso de tubos de rayos catódicos en los receptores, Baird consiguió alcanzar, en 1934, la sorprendente cifra de 180 líneas en pantallas de 12 por 18 pulgadas9.

Mientras todo eso ocurría, la compañía discográfica Electrical and Musical Industries (EMI), creada en 1931 por la fusión de las empresas His Master’s Voice (HMV) y Columbia Gramophone Company, comenzó a demostrar un vivo interés por la televisión como nuevo medio de entretenimiento, encargando a Isaac Shoenberg (1880-1963), un emigrante ruso procedente de la actual Bielorrusia, formar un equipo de expertos para su desarrollo técnico. Para finales del mes de noviembre de 1932, Shoenberg y sus colaboradores hicieron funcionar un sistema de laboratorio compuesto de un tubo de rayos catódicos, con el que consiguieron reproducir una imagen de 150 líneas generada por medios mecánicos y recibida por VHF desde un transmisor situado a más de tres kilómetros de distancia. La EMI quiso que la BBC utilizara este sistema en sus retransmisiones experimentales de televisión, pero su Director General, John Reith (1889-1971), declinó la oferta hasta que se aclarara el tipo de tecnología que más convenía para el desarrollo de un servicio regular de televisión. A pesar de la negativa recibida, Shoenberg continuó mejorando su sistema hasta que dispuso de un tubo de cámara similar al Iconoscopio desarrollado por Vladimir Kosma Zworykin (1889-1982) en los Estados Unidos10. Asimismo, perfeccionó el tubo de imagen de los receptores logrando tamaños superiores a las siete pulgadas, con pantallas fluorescentes capaces de reproducir imágenes en blanco y negro, en lugar de las habituales en verde y negro de los tubos de los osciloscopios. Por fin, en enero de 1934, Shoenberg tuvo a punto un primer sistema de televisión de 120 líneas, totalmente electrónico, que prometía ser superior al sistema de «película intermedia» de Baird11.

Baird se daba perfecta cuenta de la situación de debilidad en la que se encontraba y, tal vez por eso, trató de instigar una campaña de calumnias contra la EMI, argumentando que la tecnología empleada por la compañía británica no era original, sino subsidiaria de la americana RCA en la que trabajaba Zworykin.
En paralelo, Baird contactó con Philo Taylor Farnsworth (1906-1971), rival de Zworykin en los Estados Unidos, invitándole a Londres para presentar los detalles técnicos de su tubo «disector» —disector, en inglés— y poder llegar a un acuerdo de uso que le permitiera competir con el tubo de cámara de Shoenberg. La visita tuvo lugar en octubre de 1934 y para diciembre se produjo la firma de un contrato por el que Farnsworth cedía el uso de su disector a Baird a cambio de 50.000 dólares más royalties. Desafortunadamente para Baird, el tiempo no corría a su favor. En mayo de ese mismo año, el gobierno británico había creado una comisión presidida por el Director General de Correos, Lord Selsdon, en la que participaba, además, el Ingeniero Jefe de la BBC, Noel Ashbridge, con el fin de establecer un estándar de televisión, llamado de «alta definición», con un mínimo de 240 líneas por cuadro y 25 cuadros por segundo12. La EMI respondió inmediatamente creando, también en mayo de 1934, una alianza estratégica con la Marconi Wireless Telegraph Company para el desarrollo conjunto de un sistema, completamente electrónico y con transmisión en VHF, que se ajustara a dichos requerimientos. De forma que para cuando Baird pudo cerrar su contrato con Farnsworth, la nueva Marconi-EMI tenía ya listo y funcionando todos los elementos de un sistema electrónico de 243 líneas por cuadro y 25 cuadros por segundo que empleaba, además, la técnica del barrido entrelazado de la imagen13.

A duras penas, Baird consiguió alcanzar el límite de las 240 líneas y junto con el de Marconi-EMI, fueron los dos únicos sistemas, de la media docena que se presentaron, que recibieron el informe favorable de la comisión. El resultado se hizo público el 4 de enero de 1935 y recomendaba que ambos sistemas funcionaran en paralelo, durante seis meses, para comprobar cuál de ellos era superior al otro. Con todo, Baird no tenía la suerte de cara. Ese mismo año, la BBC decidió trasladar sus estudios de televisión desde Portland Place14 a una nueva ubicación, en el edificio conocido como Alexandra Palace, al norte de Londres, poniéndose fin el 11 de septiembre de 1935 a las retransmisiones experimentales que venían realizándose con el sistema de Baird. De repente, los receptores que había en el mercado se volvieron inservibles y la ventaja competitiva que tenía sobre la EMI se esfumó. Baird intentó, por todos los medios, que le concedieran una autorización para continuar las transmisiones desde el Crystal Palace, pero sólo se le autorizó a hacerlo en pruebas con el sistema de alta definición hasta que estuvieran listos los nuevos espacios de la BBC. Por fin, las transmisiones desde el Alexandra Palace comenzaron en agosto de 1936 y el 2 de noviembre siguiente la BBC inició, oficialmente, su servicio regular de televisión de «alta definición» —el primero que se inauguraba en todo el mundo—, alternando semanalmente los sistemas de televisión de Baird y de Marconi EMI, tal y como había recomendado la comisión presidida por Lord Selsdon. Esta situación tan particular se prolongó hasta febrero de 1937, fecha en la que la BBC se decantó, finalmente, por el sistema de Marconi-EMI.

El sistema de Baird fue relegado al olvido quien, pese a todo, no abandonó su trabajo y, ya sin apoyo económico de ninguna clase, todavía tuvo tiempo de sorprender al mundo con dos aportaciones extraordinarias: un sistema mecánico de televisión en color basado en la descomposición RGB de la luz y un sistema de televisión estereoscópico de alta definición. Por último, también merecen destacarse los intentos que Baird hizo, en diversos momentos de su vida, por conseguir grabar y reproducir señales de televisión a partir de discos de gramófono. En 1926 solicitó la patente de un sistema que bautizó con el nombre de «fonovisión» y, dos años más tarde, presentó otra de un equipo que estaba basado en los principios de funcionamiento de aquél, al que llamó «fonovisor». No se conoce que llegara a presentarlo en público —quizás porque no se sintiera satisfecho con el resultado obtenido—, pero los discos que grabó entonces, son la prueba viva más antigua que existe hoy de las primeras imágenes de televisión de 30 líneas15.

El «radiovisor» de Jenkins
Charles Francis Jenkins (1867-1934), nació en Dayton, Ohio, Estados Unidos, el 22 de agosto de 1867. […] Inventor prolijo e independiente, obtuvo más de cuatrocientas patentes a lo largo de su vida, setenta y cinco de las cuales estuvieron directamente relacionadas con su sistema de televisión mecánica. […] A tal fin, realizó un curso de perfeccionamiento en la Bliss School of Electricity, en donde conoció a Thomas Armat (1866-1948). Juntos construyeron un prototipo de proyector cinematográfico, al que llamaron Phantoscope, cuyo funcionamiento fue mostrado en la Cotton States Exposition de Atlanta, en septiembre de 1895. Empero, desavenencias posteriores surgidas entre ambos, llevaron a Jenkins a orientar sus investigaciones hacia la transmisión de películas a distancia, idea de la que ya había dado alguna pista en un artículo publicado un año antes en la revista The Electrical Engineer, donde proponía un sistema de transmisión de imágenes similar al de su compatriota George R. Carey16. Armat, por su parte, terminaría aliándose con Edison para lanzar al mercado uno de los proyectores cinematográficos de mayor éxito de principios del siglo XX: el vitascope […].

En 1913, y cuando parecía que Jenkins había perdido por completo su interés por la transmisión de películas a distancia, concedió una entrevista a la revista Moving Pictures News, donde venía a reconocer que la tecnología se encontraba lo suficientemente madura como para poder enviar imágenes en movimiento a través del cable o mediante ondas de radio, de forma parecida a como se hacía con la voz17[…]. El 23 de octubre de 1919 presentó la patente de un nuevo proyector que tenía la ventaja de no necesitar obturador para el paso de los fotogramas. En su lugar, Jenkins proponía emplear un disco prismático que reflectaba los rayos de luz que pasaban a través cada fotograma, de modo que la imagen permanecía siempre en la misma posición de la pantalla a pesar del movimiento de arrastre de la película. Con esta opción, se evitaba el uso del obturador en los proyectores y, lo que era más importante, se prolongaba la vida útil de la película y se aumentaba el tiempo de iluminación de la pantalla mejorando, por ende, la luminosidad de la misma para igual potencia de la lámpara18.

Jenkins presentó su nuevo proyector cinematográfico en la reunión de la Society of Motion Picture Engineers celebrada en Toronto, en mayo de 192019. Hizo especial hincapié en las ventajas que aportaba el disco prismático como mecanismo para conseguir la deflexión de los rayos de luz, despertando tanto interés su intervención que al poco tiempo publicó un artículo monográfico sobre este dispositivo en la revista de dicha asociación20 […]. Poco tiempo después, Jenkins utilizó esta misma idea para construir el mecanismo de deflexión de su sistema de televisión, sólo que en esta ocasión empleó dos discos de iguales características para conseguir la deflexión de los rayos de luz en sentido horizontal y vertical, respectivamente […].

Jenkins presentó la patente de su sistema de televisión el 13 de marzo de 1922, recibiendo la concesión oficial de la misma el 30 de junio de 192521 Entre una fecha y otra, organizó diversos ensayos que fueron desde la transmisión de imágenes estáticas y su aplicación al envío de mapas meteorológicos, hasta la transmisión de imágenes en movimiento en donde, más que la propia textura de los objetos, alcanzaba sólo a reproducir su silueta. Existen dudas, no obstante, sobre la fecha exacta de su primera demostración pública. Algunos investigadores mantienen que tuvo lugar en diciembre de 1923 ante dos conocidos impulsores de la radioafición en los Estados Unidos: Watson Davis y Hugo Gernsback. […].

Jenkins trató, también, de llamar la atención del gobierno de los Estados sobre la utilidad de su invento que, en un principio, pensó podía servir para enviar fotografías y cartas autógrafas por radio, de forma parecida a como funciona un fax en la actualidad […]. El éxito de sus ensayos animó a Jenkins a extender el uso de su invento a la transmisión por radio de cartas meteorológicas para la navegación y de documentos manuscritos. En relación con esta segunda posibilidad, es conocida una carta dirigida por Jenkins al Senador por Nebraska, y también radioaficionado, Robert B. Howell, en 1924, donde le decía que su invento era el resultado de diez años de trabajo «dedicados a desarrollar un servicio para el ojo» en contraposición con los «servicios por radio para el oído» existentes hasta la fecha. El sistema, al que dio el nombre de Radio Photo Letter, inauguraba, decía él, «un nuevo método de comunicación» que permitía «enviar una carta manuscrita a la velocidad de la radio», favoreciendo las transacciones comerciales e impulsando, de ese modo, el bienestar de la nación32. Simultáneamente, Jenkins comenzó a colaborar con la Marina Norteamericana en la transmisión por radio de cartas meteorológicas […]. Pero la demostración que habría de confirmar a Jenkins como uno de los pioneros de la televisión, fue la que ofreció el 13 de junio de 1925, en su laboratorio de Washington D. C. —ubicado en el 1519 de la avenida Connecticut—, a un cualificado grupo de visitantes, entre los que se encontraban el Secretario de la Marina Americana, Curtis D. Wilbur, el Director del Bureau of Standards, George M. Burgess, y el Almirante-Ingeniero del Naval Research Laboratory, David W. Taylor. En aquella ocasión, Jenkins mostró a sus ilustres invitados una pantalla en la podía apreciarse la silueta, algo grosera, de una hélice en movimiento que estaba situada en la Estación de Radio de la Marina, NOF, en Anacostia, a varios kilómetros de distancia de donde se encontraban ellos.

Jenkins se refirió a su invento con el nombre —que habría de ser ya definitivo— de Radio Vision y dijo a sus ilustres visitantes que en un plazo muy breve de tiempo confiaba en tener listo un servicio en el cual, «cualquier espectáculo que se desarrollara en un lugar, podría ser visto por el público asistente en un estudio ubicado a varios kilómetros de distancia». Parece que Jenkins pensaba, en ese momento, en un modelo de negocio parecido al del cine, con la audiencia sentada en grandes teatros que asistiría, previo pago de una entrada, a la proyección de películas ya grabadas o de grandes acontecimientos en directo. Al día siguiente, el Sunday Star escribió que Wilbur, sorprendido ante aquella demostración, llegó a comentar lo siguiente: «Me imagino sentado en el despacho, durante la próxima guerra, viendo cómo evoluciona la batalla». A lo que Jenkins replicó: «Eso es perfectamente posible, señor Secretario»22. Pero lo que de verdad atraía la atención de Jenkins, como ya se ha dicho, era la proyección de películas por Radio Vision, a las que, como no podía ser de otro modo, bautizó con el nombre de Radio Movies. Solicitó una licencia de la Federal Radio Commission, FRC, (antecesora de la Federal Communications Commission, FCC) que le fue concedida el 25 de febrero de 1928, iniciando sus retransmisiones el 2 de julio siguiente, desde su laboratorio de Washington D. C., con el indicativo provisional de 3XK, que luego pasó a ser W3XK. Utilizaba un formato de imagen de 48 líneas por cuadro, 16 cuadros por segundo y una relación de aspecto de 1:1, con un ancho de banda de tan sólo 10 KHz. Asimismo, sustituyó el disco prismático por un disco de metal en cuya corona tenía incrustadas una serie de lentes, con un ángulo de difracción diferente cada una, que funcionaba siguiendo el mismo principio físico que su disco prismático.

En 1929 consiguió una autorización para trasladar su emisora a la ciudad de Wheaton, en el estado de Maryland, lo que aprovechó para incrementar en ese momento la calidad de sus imágenes hasta las 60 líneas, alcanzado un ancho de banda de 100 KHz35. Jenkins transmitía cinco noches por semana y su programación consistía en películas de corta duración en las que aparecían siluetas de personas realizando actividades comunes como botar una pelota, saltar a la comba, jugar al balancín, etc. Los actores eran, generalmente, personal del propio laboratorio de Jenkins, excepto cuando aparecían niños, en cuyo caso eran elegidos entre los chavales del mismo barrio. Algunos títulos de las Radio Movies realizadas por Jenkins fueron las siguientes: The Old Dutch Girl, The Little Girl Bouncing a Ball, The Washwoman o Two Girls on a Seesaw. Entre película y película, Jenkins introducía anuncios hablados en los que pedía a los telespectadores que dieran su opinión sobre la calidad de las imágenes recibidas y a los que ofrecía, además, repuestos para sus receptores así como juegos completos de piezas para que los aficionados pudieran construirse sus propios equipos receptores. El precio de estos «kits» era, tan solo, de dos dólares con cincuenta centavos23. En diciembre de 1928, Charles Jenkins creó la Jenkins Television Corporation, compañía que, además de dedicarse a la producción de Radio Movies, fabricaba y vendía sus propios receptores de televisión a los que Jenkins puso el nombre de Radio Visors.

El éxito logrado por Jenkins atrajo inmediatamente la atención de Lee De Forest (1873-1961) y sus socios que, en octubre de 1929, adquirieron una parte mayoritaria de la Jenkins Television Corporation a través de la De Forest Radio Company. Jenkins fue nombrado Vicepresidente de la compañía y retuvo el control de los laboratorios de Washington hasta 1930, año en que cayó enfermo y presentó su dimisión. Según parece, en su decisión también influyó la falta de interés que los nuevos propietarios demostraban hacia sus opiniones. Sin embargo, la crisis económica que se inició en los Estados Unidos en 1929 castigó fuertemente a Lee De Forest, que se vio obligado a vender la propiedad de la De Forest Radio Company, en 1931, a la todopoderosa Radio Corporation of America (RCA). En ese momento, la RCA estaba desarrollando un sistema de televisión completamente electrónico, basado el Iconoscopio y el Cinescopio inventados por Vladimir Kosma Zworykin (1889-1982), y la Radio Vision no resultaba ser un área estratégica para la compañía, lo que motivó que la RCA optara por liquidarla después del fallecimiento de Jenkins, en 1934.

El «octagon» de Alexanderson
Ernst Fredrik Werner Alexanderson (1878-1975) nació el 25 de enero de 1878 en Uppsala, Suecia. Estudió en la Universidad de Lund y en el Instituto Tecnológico Real (Kungliga Tekniska Högskolan, KTH) de Estocolmo […].En el otoño de 1901, Alexanderson se trasladó a los Estados Unidos, entrando a trabajar como proyectista para la C&C Electric Company de Nueva Jersey antes de incorporarse, en febrero de 1902, a la compañía General Electric, en Schenectady, Nueva York, donde permaneció hasta 1948. Alexanderson destacó por sus trabajos relacionados con la generación, transporte y aprovechamiento de la corriente alterna pero, sobre todo, por su contribución a las comunicaciones por radio, campo que revolucionó gracias a su conocido alternador de alta frecuencia que hizo posible el desarrollo de la radiotelefonía y de la radiodifusión a principios del siglo XX24. Menos conocidas, pero no por ello de menor importancia, fueron sus aportaciones al progreso de la televisión, faceta ésta a la que se dedicó durante la segunda mitad de la década de 1920, pero a la que hubo de poner fin tras un acuerdo firmado en 1930 entre la General Electric y su filial, la RCA, por el cual la primera dejaba en manos de la segunda el desarrollo de la televisión en los Estados Unidos25. Más concretamente, el interés de Alexanderson por la televisión le vino tras asistir a las pruebas realizadas por Jenkins en 1925, después de lo cual la General Electric le propuso crear un sistema de televisión alternativo y de mejor calidad, que evitara las dependencias que podrían darse en un futuro con la patente de Jenkins. Alexanderson empezó probando diferentes sistemas mecánicos para el barrido de imágenes: tambores de espejos, semejantes a los utilizados por Weiller, espejos oscilantes, parecidos a los empleados por Szczepanik, y espejos rotatorios, como los propuestos por Mihály, si bien fueron los construidos a partir de discos de Nipkow los utilizados, finalmente, en sus demostraciones públicas de 1928. Empero, antes de eso, Alexanderson buscó crear un sistema de barrido óptico completamente nuevo, al que llamó de «haces múltiples», que probó el 18 de septiembre de 1926 y cuya descripción recogió en una patente presentada el 19 de octubre siguiente26.

Pese a la originalidad de su propuesta, el resultado obtenido no resultó todo lo satisfactorio que Alexanderson hubiera deseado, lo que unido a los notables avances que, por entonces, venía realizando la AT&T en el campo de televisión, hizo que los directivos de la General Electric le aconsejaran explorar caminos técnicos mejor conocidos. Ya fuera debido a la primera de las razones o, más probablemente, a la segunda de ellas, lo cierto es que a raíz de la exitosa demostración de televisión realizada por la AT&T, en abril de 1927, la General Electric nombró un asistente para ayudar a Alexanderson que, en opinión del investigador Russell W. Burns, era más partidario de utilizar mecanismos ya probados que ingeniosas propuestas aún no suficientemente maduras, en clara alusión al sistema de «haces múltiples» de Alexanderson27. El asistente en cuestión era Raymond Davis Kell, personaje que, andando el tiempo, terminaría trabajando con Zworykin en la RCA y proponiendo, en 1934, el hoy conocido como «Factor de Kell» de las pantallas de televisión28.

La base teórica del sistema de «haces múltiples» de Alexanderson se resume en un esquema de incluido en su patente de 1926. La idea de Alexanderson consistía en barrer, en sentido vertical, cuatro líneas de imagen de forma simultánea, variando la luminosidad de cada una de ellas independientemente. Para lograrlo, la información de cada una de estas cuatro líneas debía recibirse por canales de radio diferentes debiendo usarse, entonces, cuatro antenas y cuatro amplificadores, respectivamente. A continuación, la señal entregada por cada uno de estos amplificadores excitaba una batería de oscilógrafos de espejo los cuales actuaban reflejando la luz procedente de cuatro pequeños focos y modulándola en intensidad según la información de luminancia procedente de los amplificadores. Los cuatro rayos de luz, así conformados, se reflejaban en un pequeño espejo localizado en el interior de un cilindro, el cual rotaba gracias a la acción de un motor eléctrico, haciéndolo de forma sincronizada con otro cilindro de iguales características existente en el transmisor. Dicho cilindro tenía encastrado un conjunto de lentes en su cara externa, siguiendo una curva en forma de espiral a lo largo de todo su perímetro, de modo que al producirse el giro, cada una de ellas proyectaba los cuatro rayos de luz sobre una banda vertical diferente de la pantalla. Como resultado, la pantalla quedaba completamente barrida en cada revolución del cilindro. Alexanderson también propuso un esquema similar al que acaba de describirse, sólo que sustituyendo el cilindro de lentes por un tambor de espejos […].

Como ya se ha dicho, en 1927, tras el éxito de la AT&T, Alexanderson dejó aparcado su sistema de «haces múltiples» para desarrollar, junto con Kell, un sistema de televisión basado en el disco de Nipkow, organizando juntos la primera demostración pública el 13 de enero de 1928. En aquella ocasión utilizaron dos emisoras de radio de la General Electric: la 2XAF, para transmitir la imagen, y la WGY29, para transmitir el sonido, y emplearon tres receptores de televisión ubicados en el hogar de dos de los ejecutivos de la General Electric y en la misma casa de Alexanderson, situada en el 1132 de Adams Road, en Schenectady. La imagen transmitida tenía un tamaño de 1,5 pulgadas de alto por 1,0 de ancho, con una resolución de 48 líneas y una frecuencia de refresco de 16 cuadros por segundo. Los receptores, por su parte, disponían de un disco de Nipkow de 24 pulgadas de diámetro, junto con un tubo de neón de McFarlane Moore, para la imagen, y un demodulador convencional de radio, independiente, para el sonido. La revista Time, en su edición del 23 enero, recogía la noticia del ensayo a la vez que incluía la opinión de un respetado Lee De Forest, mostrando su escepticismo acerca del futuro de la televisión mecánica. En aquella ocasión decía lo siguiente30:

«No creo que haya ningún avance destacado en el aparato de televisión de Alexanderson, excepto el sistema de sincronización. Pienso que la televisión nunca podrá convertirse en algo práctico en los hogares mientras los métodos empleados necesiten de grandes piezas rotatorias movidas por un motor. La dificultad reside en que el usuario necesita ajustar constantemente una pequeña palanca o dial, para evitar la distorsión de la imagen. Estamos aún a millones de millas de distancia (sic) de que la televisión pueda verse en la gran pantalla de un teatro. Debe desarrollarse un nuevo sistema, basado en otros principios físicos diferentes, que nos permita escapar de las pesadas piezas rotatorias antes de que la visión por radio pueda ser una realidad para el uso privado».

La Revista Popular Mechanics, en cambio, se mostró mucho más optimista y en un artículo publicado en su edición de abril de 1928, exclamaba: «La televisión, un juguete que ha interesado durante años a los científicos, ya ha llegado», e incluía la opinión de David Sarnoff, Director General de la RCA, prediciendo que en un plazo de cinco años la televisión se convertiría en «un arte y una industria» en los Estados Unidos31.

Frente a la estrechez de medios de Jenkins, Alexanderson contó siempre con el influyente apoyo económico y mediático de la General Electric, lo que le permitió lograr algunos hitos que le situaron, en poco tiempo, por delante del inventor de la Radio Vision. Así, el 10 de mayo de 1928 puso en marcha la primera programación regular de televisión de los Estados Unidos, emitiendo informes agrarios y del tiempo tres días por semana (martes, jueves y viernes).
Poco tiempo después, Alexanderson dispuso todo lo necesario para emitir el primer discurso político televisado de la historia. Consistió en el anuncio de la candidatura para la Presidencia de los Estados Unidos realizada por el Gobernador de Nueva York, Alfred E. Smith, en el Capitolio de la ciudad de Albany, el 21 de agosto de 192832. Las imágenes se retransmitieron a través de dos emisoras de la General Electric: la 2XAF y la 2XAD, mientras el sonido se envió de forma independiente a través de la WGY, como se había hecho en la demostración de enero. El dispositivo de cámara empleado en aquella ocasión disponía de una lámpara de 1.000 vatios de potencia, un disco de Nipkow de 24 orificios y dos unidades de fotocélulas, colocadas sobre sendos trípodes enfrente de Smith, para recoger el reflejo producido por la luz de la lámpara. La técnica, conocida como «flying spot», ya había sido sugerida por Baird en enero de 1926 y empleada por la AT&T en su demostración de abril de 1927. Consistía, básicamente, en barrer la escena utilizando un rayo de luz muy fino, cuyo reflejo era recogido por las fotocélulas. El barrido de la escena se conseguía haciendo pasar la luz de la lámpara a través de los orificios de un disco de Nipkow, que al rotar generaba el «flying spot» […].

Volviendo a la retransmisión del discurso de Smith, sólo resta decir que resultó ser un inesperado fracaso. Según Kell, todos los ensayos efectuados con anterioridad habían sido satisfactorios, pero en el momento del discurso comenzó a llover y hubo de trasladarse el escenario al interior del Capitolio del Albany. Debido a ello, se instalaron unos focos de luz artificial para las cámaras de cine que ocasionaron una interferencia fatal sobre las fotocélulas de la cámara de televisión, impidiendo la correcta retransmisión de las imágenes33.

Después aquella amarga experiencia, el siguiente hito que abordaron Alexanderson y la General Electric fue la emisión, en septiembre de 1928, de la primera serie dramática televisada de la historia. Se trató de la obra The Queen’s Messenger, escrita para la ocasión por un desconocido guionista, llamado John Harley Manners, y dirigida por un joven Director de Nueva York, menos conocido aún, llamado Mortimer Stewart. El argumento era muy simple: giraba en torno a un diplomático británico que, después de un baile de máscaras en Berlín, terminaba teniendo un encuentro secreto con una misteriosa mujer que aprovechaba la ocasión para apoderarse de los documentos que él llevaba. Los protagonistas fueron el actor Maurice Randall, en el papel de diplomático británico, y la actriz Izetta Jewel, en el papel de espía rusa34. Cada uno de los actores principales era enfocado por una cámara diferente utilizándose, además, una tercera cámara para tomar los primeros planos de las manos de dos extras, que representaban ser las manos de los protagonistas sosteniendo diversos objetos, como una pistola o un puñal. En un artículo publicado por el New York Herald Tribune, el 11 de septiembre de 1928, se recordaba el proceso de realización de aquella serie con las siguientes palabras:

«El Director Mortimer Stewart permanecía de pie, entre dos cámaras de televisión que enfocaban a Miss Izetta Jewell, la heroína, y Maurice Randall, el héroe. Enfrente de Stewart había un receptor de televisión en el que podía verse, en todo momento, la imagen que se transmitía. Mediante una pequeña caja de control, podía elegir las imágenes, pinchando una de las cámaras o quitándola en cualquier momento. Resulta difícil de saber si las imágenes fueron recibidas en alguna otra parte, además de en el laboratorio de la General Electric. Entre los que asistieron al experimento, existe la opinión generalizada de que a las películas por radio les queda todavía un largo camino por delante. De modo que la comercialización de este sistema para su uso público representa una gran incógnita».

El receptor de televisión al que se refería el artículo del New York Herald Tribune no era otro que un nuevo modelo construido en esas mismas fechas por la General Electric, para su comercialización en los hogares, al que se le dio el nombre de «octagon» a causa de la forma que tenía la caja del televisor.

La última demostración realizada por Alexanderson y su equipo, antes de que la General Electric dejara en manos de la RCA el negocio de la televisión, tuvo lugar el 22 de mayo de 1930 en el Teatro Proctor de Schenectady, propiedad de la Radio Keith Orpheum Corporation (RKO). En aquella ocasión, la imagen era tomada en un estudio, con un disco de Nipkow de 48 orificios, enviándose por radio hasta el teatro, donde se proyectaba sobre una pantalla de 0,55 m2 con la ayuda de un equipo de cine convencional. La programación del evento consistió en unas breves palabras pronunciadas por uno de los asistentes de Alexanderson, llamado Merrill Trainer, a las que siguió una secuencia de imágenes tomadas de algunas comedias ligeras, para terminar cerrando el acto con la interpretación de una orquesta.

Después de esta última experiencia, Alexanderson volvió a centrar su atención en las aplicaciones de alta potencia, mientras que sus colaboradores más cercanos durante esos años, Kell y Trainer entre ellos, se incorporaron al equipo de Zworykin, en la RCA […].

El «picture-phone» de Ives
Herbert Eugene Ives (1882-1953) nació en la ciudad norteamericana de Filadelfia, el 21 de julio de 1882. A lo largo de su vida publicó más de doscientos artículos y consiguió más de cien patentes. Falleció en Montclair, Nueva Jersey, el 13 de noviembre de 1953. […] En 1924, realizó la primera demostración pública de un sistema de transmisión por cable de imágenes estáticas, que ensayó con motivo de la celebración de la Convención Nacional Republicana en la ciudad de Cleveland, Ohio. En aquella ocasión, Ives envió distintas fotografías desde Cleveland hasta Washington y Nueva York, empleando para ello dos canales de comunicación: uno para la señal de imagen y otro para la señal de sincronismo. El tiempo medio transcurrido desde el instante en que la fotografía era tomada en un punto, hasta el momento en que se obtenía una réplica en el otro, era de 44 minutos, lo que unido a la calidad obtenida, animó a la AT&T a comercializar el sistema al año siguiente35. Sus clientes fueron, sobre todo, la prensa y las agencias de noticias, que usaron la telefotografía como medio de publicar sin demora las imágenes capturadas por las cámaras fotográficas de sus corresponsales, con independencia del sitio donde se encontraran.

En vista del éxito conseguido, Ives se propuso mejorar su sistema de telefotografía hasta el punto de poder enviar no sólo imágenes estáticas, sino también imágenes en movimiento. Con la ayuda de Frank Gray36, que se encargó de la construcción del sistema de barrido de imagen, y de Harry M. Stoller, que hizo lo propio con el sistema de sincronización, inició, en enero de 1925, el desarrollo de un prototipo de televisión propio, que tuvo listo para finales de ese mismo año. Ives realizó una primera demostración de laboratorio para los ejecutivos de la AT&T el 10 de marzo de 1926, fecha que, a la sazón, coincidía con el 50 aniversario de la invención del teléfono por Alexander Graham Bell. La imagen conseguida entonces tenía una resolución de 50 líneas, una frecuencia de refresco de 16 cuadros por segundo y un tamaño de 2,0 x 2,5 pulgadas. En opinión del investigador Russell W. Burns, el resultado conseguido por Ives y sus colaboradores fue perfecto, técnicamente hablando, pero no introdujo ninguna novedad destacable37. El transmisor tenía una lámpara de elevada intensidad, cuya luz se proyectaba sobre el borde de un disco de Nipkow. Antes, no obstante, se la hacía pasar a través de un pequeño marco, de forma que sólo resultara iluminado un orificio del disco de Nipkow. De este modo, cuando el disco giraba, creaba un rayo de luz que, una vez enfocado mediante la correspondiente lente, iba barriendo, línea por línea, toda la escena. Por último, la luz reflejada por los objetos presentes en la escena era recogida por una célula fotoeléctrica que se encargaba de generar la señal de luminancia. […] El registro de la luz de la escena se hacía de forma inversa al procedimiento habitual según el cual, primero se iluminaba la escena y luego se registraba la luz reflejada utilizando una fotocélula situada detrás de un disco de Nipkow.

Este esquema, conocido como «barrido directo» (direct scanning), tenía el inconveniente de que precisaba focos con una luz muy intensa para que después de reflejarse en los objetos de la escena y pasar a través de los orificios del disco de Nipkow, aún conservara intensidad suficiente como para excitar la fotocélula. A consecuencia de ello, el calor generado sobre las personas que formaban parte de la escena se volvía completamente insoportable, lo que obligaba a planear frecuentes interrupciones durante el desarrollo del programa para recuperar la temperatura ambiente normal. Como alternativa, en 1926 Baird había propuesto invertir la posición de la lámpara y de la fotocélula de modo que, en lugar de registrar la luz reflejada por la escena realizando un barrido de la misma, fuera la escena la que resultara barrida por la luz de la lámpara, recogiendo la fotocélula el resultado de su reflejo38. Este método, conocido como «flying spot», fue esencialmente el utilizado por Ives. Permitía resolver el problema del calor, pero tenía el inconveniente de que las fotocélulas recibían también la luz ambiente de la escena, superponiéndose a la luz reflejada por el «flying spot».

Eléctricamente hablando, las fotocélulas registraban una señal que tenía una componente de corriente continua superpuesta a la corriente variable producida por el haz de luz que barría la escena. Dicha componente, que representaba la luz ambiente, era compleja de amplificar y, sobre todo, ineficiente de transmitir, por lo que se suprimía de la señal de luminancia. Esto provocaba que en el receptor tuviera que generarse dicha componente artificialmente, tratando de aproximarse lo más posible a su valor real, para que al excitar la lámpara de neón el resultado fuera lo más cercano posible a la luz ambiente de la escena original. El equipo receptor, por su parte, estaba construido a partir de una lámpara de neón y un disco de Nipkow, siguiendo el esquema convencional. La lámpara modulaba la intensidad de su luz a partir de la señal de luminancia procedente del transmisor para proyectarla, a continuación, sobre un disco de Nipkow, que componía la imagen mediante el barrido del haz producido en su movimiento de rotación.

A lo largo de 1926, Ives y su equipo de colaboradores fueron perfeccionando su sistema de televisión, de forma que para 1927 ya era perfectamente posible pensar en una demostración pública de transmisión a larga distancia. La fecha elegida por la AT&T fue el 7 de abril de 1927, invitando a participar en la misma a Herbert C. Hoover, Secretario de Comercio de los Estados Unidos y figura política en ascenso —de hecho, alcanzó la Presidencia de los Estados Unidos en las elecciones de 1928. Para la ocasión, los Laboratorios Bell de la AT&T organizaron una espectacular demostración que incluyó dos medios de transmisión: uno por cable y otro por radio, y dos tipos de receptores: uno para uso particular y otro para uso colectivo. Todo fue diseñado pensando en su efecto mediático y, desde luego, el resultado final no defraudó las expectativas que los directivos de la todopoderosa compañía telefónica habían puesto en el evento, con su presidente Walter S. Gifford a la cabeza. Pero dejemos que sea el propio Ives quien nos lo describa39:

«En aquella demostración se pudo ver la televisión por radio y por cable. La demostración de la televisión por cable consistió en la transmisión de imágenes desde Washington, D.C., hasta el auditorio de los Laboratorios Bell, en Nueva York, a una distancia de unas 250 millas. En la demostración de la televisión por radio, se transmitieron las imágenes desde la estación experimental de los Laboratorios Bell, situada en Whippany, Nueva Jersey, hasta la ciudad de Nueva York, a una distancia de 22 millas. La recepción se hacía mediante dos clases de equipo. En uno se reproducía la imagen en una pequeña pantalla de 2,0 x 2,5 pulgadas, que resultaba apropiada para una sola persona; mientras que en el otro la imagen se reproducía en una pantalla de 2,0 x 2,5 pies, que la hacía perfecta para ser vista por una audiencia de considerable tamaño. El primero de los receptores estaba pensado para ser utilizado junto con el teléfono, de forma que las personas de Nueva York pudieran ver a sus amigos de Washington, a la vez que mantenían con ellos una conversación. El otro, en cambio, estaba pensado como apoyo visual a sistemas de uso público. Así, un locutor de Washington podía dirigir comentarios de interés de general a la audiencia de Nueva York, y un cantante o artista en Whippany podía ser visto allí a la vez que se escuchaba su voz por un sistema de megafonía instalado en la sala».

[…] En la parte de la demostración de la televisión por cable, se utilizaron dos circuitos telefónicos para la voz: uno de Washington a Nueva York y otro de Nueva York a Washington; dos circuitos telefónicos para la imagen: uno de Washington a Nueva York y otro de reserva; y un circuito telefónico adicional, de Nueva York a Washington, para la señal de sincronismo. Mientras que en la parte de la demostración de la televisión por radio se utilizó un canal en la banda de 1.575 KHz, para la imagen, un canal en la banda de 1.450 KHz, para el sonido, y una señal piloto de 185 KHz para la señal de sincronismo. Lo más destacado de las cámaras utilizadas en la demostración fueron las tres enormes células fotoeléctricas de hidruro de potasio colocadas frente al sujeto, formando una «U» invertida, y conectadas en paralelo […]. En el extremo receptor, por su parte, el equipo que mayor expectación causó fue la enorme pantalla utilizada en el auditorio de los Laboratorios Bell, cuyo diseño fue obra de Frank Gray. Estaba construida a partir de un tubo de neón, muy largo, plegado en zig-zag sobre un mismo plano, y con un filamento continuo en su interior, arrollado en forma de espiral a lo largo del mismo […].

Después de aquella demostración, Ives siguió trabajando en el progreso de la televisión mecánica centrando su atención, a partir de entonces, en el desarrollo de células fotoeléctricas cada vez más sensibles que permitieran el registro de imágenes en exteriores —es decir, escenas iluminadas con luz natural—, utilizando para ello sistemas de barrido directo. Asimismo, realizó algunas incursiones en el mundo de la televisión en color, si bien fue el desarrollo de un sistema bidireccional de televisión por teléfono, en 1930, antecesor del actual videoteléfono, el asunto que le devolvería, de nuevo, al foco de la opinión pública. El sistema, conocido como «picture-phone», fue montado con carácter experimental entre las oficinas de la AT&T, en el 195 de la calle Broadway, y las oficinas de los Laboratorios Bell, en el 463 de la calle West, de Nueva York, lugares separados unos 3,2 kilómetros […]. Uno de los problemas que Ives encontró fue que, al cabo de un tiempo de exposición al «flying spot», se producía en el usuario del «picture-phone» un efecto de deslumbramiento que le impedía ver con claridad la imagen de su interlocutor que generaba la lámpara de neón. Para resolverlo, Ives empleó un «flying spot» de menor intensidad y color azul —menos molesto para la vista—, junto con unas células fotoeléctricas de mayor sensibilidad, que daba como resultado una situación más confortable para el usuario. Asimismo, Ives aumentó la calidad de la imagen, incrementando hasta 72 el número de líneas y hasta 18 el número de cuadros por segundo, lo que exigió, naturalmente, aumentar el ancho de banda de transmisión hasta los 40 KHz, e introducir redes adicionales para corregir la distorsión de la señal de luminancia. Como señal de sincronismo se utilizaba un piloto de portadora de 1.275 Hz que se enviaba mediante un par de hilos adicionales. También suprimió el auricular y el micrófono convencionales del teléfono, con el fin de evitar que obstruyeran la visión de la cara de los usuarios, colocando en su lugar un pequeño micrófono, de tipo condensador, y un altavoz, ambos empotrados en la carcasa del equipo.

Los últimos ensayos conocidos de Ives en el campo de la televisión tuvieron lugar en 1937, cuando utilizó el cable coaxial patentado en 1929 por Lloyd Espenschied y Herman Affel, de los Laboratorios Bell, para la transmisión de televisión de alta calidad entre las ciudades de Nueva York y Filadelfia.

El «telehor» de Mihály
Dénes von Mihály (1894-1953) nació el 7 de julio de 1894 en Gödöllö, Hungría. Graduado en Ingeniería Mecánica por la Universidad Técnica de Budapest, desde muy joven sintió interés por el cine sonoro y por la transmisión de imágenes a distancia […]. En 1924 se incorporó a la empresa alemana AEG, en Berlín, donde continuó perfeccionando su sistema de televisión hasta conseguir la transmisión de imágenes en movimiento. […] Poco se sabe de los resultados conseguidos por Mihály, aunque Russell W. Burns recoge en su libro una opinión de Nicholas Langer, ayudante del inventor húngaro desde 1919, dejando entrever que no debieron de resultar demasiado alentadores40. Una descripción pormenorizada de su sistema de televisión puede encontrarse hoy en el libro Das Electrische Fernsehen und das Telehor, escrito por Mihály en 1923 y que constituye una de las primeras obras monográficas editadas sobre la televisión. Como queda recogido en el título del mismo, en su libro Mihály propone, por primera vez, el nombre de «telehor» para referirse a su sistema de televisión, denominación que habría de mantener en lo sucesivo aunque cambiara su mecanismo de barrido, como así ocurrió […]. Por entonces, el Deutsche Reichpost comenzaba a tomar interés por la televisión y el sistema de Mihály constituía un firme candidato para erigirse en el representante alemán de la nueva tecnología. El 9 de marzo de 1929 organizó la primera transmisión de televisión que se efectuaba en Alemania, utilizando para este fin el sistema de Mihály. El ensayo se llevó a cabo desde la estación de radiodifusión de Berlin-Witzleben, empleando una longitud de onda de 475,4 metros. Las imágenes fueron recibidas en distintos puntos de la capital alemana y aunque fueron vistas con claridad y sin distorsión, el resultado conseguido fue todavía algo pobre como para pensar en un servicio regular. Pese a todo, la compañía TeKaDe (Telefon Kabel und Drahtwerke), de Nurenberg, adquirió las patentes del telehor de Mihály, alrededor de 1930, para su explotación comercial, dedicándose el inventor húngaro, a partir de esa fecha, a la investigación de nuevos sistemas de barrido de imagen […].

El «semivisor» de Barthélemy
René Barthélemy (1889-1954) nació el 10 de marzo de 1889 en Nangis, Francia. […]. De hecho, se le considera el «padre de la televisión francesa». En 1928 fue nombrado jefe del Laboratorio de Televisión de la Compagnie des Compteurs, en la ciudad de Montrouge, al frente del cual desarrolló un primer sistema de televisión mecánica de 30 líneas de resolución. Su primera demostración pública tuvo lugar el 14 de abril de 1931 en la Escuela Superior de Electricidad de Malakoff, delante de un auditorio de unas 800 personas, donde Barthélemy instaló un aparato receptor, basado en el disco de Nipkow, al que bautizó con el nombre de «semivisor». El transmisor se encontraba en el Laboratorio de Televisión de Montrouge y en él, Barthélemy utilizó como mecanismo de barrido un sofisticado mecanismo de espejos muy parecido al ideado por Lazare Weiller en 1889. La demostración fue repetida para la Academia de Ciencias Francesa en noviembre de ese mismo año.

Para finales de 1934, Barthélemy había conseguido mejorar la resolución de su sistema hasta alcanzar las 60 líneas por cuadro y el Ministro de Correos, Telégrafos y Teléfonos, Georges Mandel, dispuesto a no perder la estela de Gran Bretaña y Estados Unidos en el desarrollo del nuevo medio de comunicación, le ofreció realizar la primera emisión de televisión que se llevaba a cabo en Francia. Todos los preparativos del evento se organizaron en tiempo récord y la demostración tuvo lugar, finalmente, el 26 de abril de 1935, desde unos estudios improvisados, ubicados en una sala de conferencias del Ministerio de Correos, Telégrafos y Teléfonos, en la Rue Grenelle de París. En aquella ocasión se utilizó un transmisor de radio de 500 vatios de potencia, construido por la Compagnie des Compteurs, en una longitud de onda de 175 metros. La imagen tenía 60 líneas, con una frecuencia de refresco de 25 cuadros por segundo. La emisión duró unos 20 minutos, durante los cuales la actriz francesa Beatrice Bretty narró los recuerdos de una gira teatral que acababa de efectuar por Italia.
Georges Mandel estuvo siempre dispuesto a incrementar el apoyo económico del gobierno al desarrollo de la televisión en Francia. De hecho, unos días antes de la demostración, había anunciado que la resolución inicial de 60 líneas alcanzaría pronto las 90, para pasar, más tarde, hasta las 180 y llegar, finalmente, a las 240, equiparándose, de ese modo, al estándar de televisión británico[…]. Para noviembre de 1935, Barthélemy consiguió tener a punto un sistema de 180 líneas por cuadro, realizando la demostración oficial el día 17 de ese mes. En aquella ocasión, el transmisor de radio se instaló en la Torre Eiffel, lugar al que llegaba la señal por cable desde un estudio situado, como la primera vez, en el Ministerio de Correos, Telégrafos y Teléfonos, a unos 2,5 kilómetros de distancia. Por entonces, la televisión electrónica empezaba a demostrar su viabilidad práctica y Barthélemy, con buen criterio, no dudó en abandonar el camino seguido hasta ese momento para concentrarse en el estudio y desarrollo de la nueva tecnología. En este campo cabe destacar la fabricación de un tubo de rayos catódico, conocido como «emyvisor», que comercializó a partir de 1937.

Antonio Pérez Yuste41, «La Televisión Mecánica», en Detrás de la Cámara. Historia de la Televisión y de sus Cincuenta Años en España, Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación, Madrid, España, págs. 65-82.

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