El «realismo» de la ciencia

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[…] Aunque hay muchas formas de realismo, habitualmente se suele denominar así a la posición que se basa en la existencia de algún tipo de correspondencia entre las creencias sobre el mundo y éste mismo. De otra manera, los realistas típicos, cuyo representante más conspicuo es quizás Karl Popper1 con su racionalismo y realismo crítico, creen que las descripciones del mundo hechas por la ciencia mantienen un elevado grado de correspondencia con el propio mundo natural.

Esta definición está muy próxima a otra de Putnam2: «cuando un científico con mentalidad realista […] acepta una teoría, la acepta como verdadera (o probablemente verdadera, o aproximadamente verdadera, o probablemente aproximadamente verdadera)».

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Así pues, los planteamientos realistas más duros parten de considerar que el objetivo de la ciencia es buscar teorías verdaderas según un criterio de racionalidad, representado por la superación de muchos intentos de falsación, es decir, de demostrar que la teoría falla.

Desde este punto de vista, se hace de la verdad un objetivo de la ciencia y no un atributo de las teorías científicas, pero, desde otros puntos de vista, no es necesario identificar con el realismo la búsqueda de la verdad como finalidad de la ciencia para ser realistas. Sobre la base de este exigente criterio, el realismo tradicional adopta una posición reduccionista y cientifista en cuanto considera que la ciencia es el único camino válido para el conocimiento (criterio de demarcación entre lo que es y no es ciencia), por ser el que se enfrenta explícitamente con su falsación.

Popper3 ataca al positivismo por el principio de inducción, demostrando sus paradojas y falta de validez para la aceptación o el rechazo de las teorías. En lo que se refiere a esto, la posición realista de Popper se basa en los niveles de apoyo empírico de una teoría, que se consideran individualmente necesarias y, en conjunto, suficientes:

1. Se rechazan las teorías que no se adaptan a los fenómenos conocidos.
2. Se prefieren las teorías que hacen predicciones sorprendentes.
3. Se eligen las teorías que explican fenómenos de rango más amplio.
4. Se opta por aquellas teorías que ofrecen una explicación única de un fenómeno.

El criterio de falsación es incompatible con el de inclusión o reducción, que considera como progreso científico la mayor generalidad de las teorías; hay teorías más generales que otras que no las contienen. En consecuencia, los realistas popperianos aceptan con reservas también la noción del caso límite de las teorías superadas; sólo las consideran válidas para los elementos cuantitativos, ecuaciones y datos, pero no para las afirmaciones cualitativas (por ejemplo, el caso del espacio-tiempo absoluto de la física relativista).

Para los seguidores de Popper, las pruebas empíricas por sí solas no son suficientes para falsar un enunciado, puesto que están lastradas por la teoría. Sin embargo, mantienen la distinción entre teoría y práctica: existen teorías observacionales y teorías propiamente dichas; las primeras son más seguras y falsables, mientras que las segundas son más dudosas; pero, contra el positivismo, destacan la importancia de las teorías, ya que éstas pueden corregir las afirmaciones de la observación.

La división de una teoría entre términos observacionales y términos puramente teóricos permite predicar de aquéllos la posibilidad de conmensurabilidad y, en consecuencia, la de falsación y emplear criterios racionales para la selección de las teorías.

La posición realista común en relación con la falibilidad del conocimiento científico se sitúa en un cierto tipo de relativismo débil, aceptando las siguientes tesis:

1. Toda teoría será superada por otra, luego toda teoría se puede presumir falsa aunque no lo sepamos todavía (inducción pesimista de la historia).
2. Todo protocolo observacional presupone algún subconjunto de la teoría vigente.


No obstante, los realistas consideran que la tesis de la infradeterminación no es suficiente para negar la posibilidad de una elección racional entre teorías rivales, de modo que creen que se pueden decidir las teorías verdaderas mediante algún criterio de racionalidad.

Sobre la conmensurabilidad o equivalencia empírica de las teorías, diferencian entre los casos favorables a la teoría y los de confirmación de ésta mediante el criterio de Nicod4: una observación suministra una prueba a favor de una hipótesis cuando ésta implica un enunciado de la prueba. Si una teoría o una hipótesis hacen predicciones falsas, éstas pueden y deben rechazarse sin demora.

Este método asegura el éxito y el progreso característico de la ciencia y, a la vez, permite demarcar entre ciencia y no-ciencia.

El realismo de Popper admite, por tanto, la falsación de hipótesis aisladas y también que las reglas funcionan para seleccionar teorías con una razonable estabilidad y como criterio de demarcación. En cambio, los relativistas argumentan contra esta tesis que la historia demuestra lo contrario: los paradigmas tienen una muerte súbita cuando la comunidad científica decide abandonarlo; si las tesis de Popper fueran ciertas, los paradigmas tendrían una muerte lenta a medida que se van considerando falsados. Los pragmatistas añaden que las reglas se justifican como medios para alcanzar los fines de la investigación científica y éstos determinan el método.

Las principales críticas al realismo popperiano se centran en la aceptación, ni bien explicada ni justificada, de la correspondencia entre ideas y mundo, en la distinción artificial entre lo teórico y lo observacional (dualismo muy criticado por el relativismo) y en la falta de consideración de los intereses personales y sociales imbricados en la actividad científica.

Los programas de investigación de Lakatos5, que mantienen parte del objetivismo popperiano desde el enfoque del giro historicista, han servido para avanzar en la resolución de algunas de las objeciones más importantes al realismo de Popper, como la rigidez del falsacionismo, tendiendo puentes entre éste y el pragmatismo.

En los últimos veinte años se viene observando un desplazamiento en el interés de los filósofos desde la cuestión de la racionalidad científica (los problemas metodológicos) al viejo problema del realismo y el debate sobre lo que es verdadero en el conocimiento científico (los problemas ontológicos y metafísicos).

Desde el racionalismo del realismo crítico de Popper se han desarrollado diferentes perspectivas realistas de muy diversos grados; por ejemplo, la escuela finlandesa de Tuomela6 y Niiniluoto7 con el realismo científico crítico, que se sitúa en la misma línea del realismo popperiano pero mejorando significativamente sus ideas, y cuya principal tesis es considerar la ciencia como una sucesión de teorías que convergen aproximándose cada vez más hacia la verdad o, al menos, hacia la verosimilitud.

Las posiciones realistas de Popper, Tuomela y Niiniluoto pueden considerarse propias de un realismo duro, porque hacen consustancial a éste el concepto de verdad como correspondencia; pero, como señala Diéguez8, esto no tiene por qué ser siempre así. El realismo transformativo de Hacking9 y el realismo constructivo de Giere10, entre otros muchos más, son ejemplos de perspectivas realistas que prefieren explicar la relación entre las teorías científicas y el mundo sin recurrir al concepto de verdad o falsedad como algo esencial.

El realismo sobre las teorías científicas afirma que el objetivo de éstas es la verdad y que en ocasiones se aproximan a ella; pero también es importante ocuparse de las entidades y objetos mencionados en las teorías científicas, y se puede ser realista sobre entidades y objetos sin serlo necesariamente sobre las teorías. Los realistas hacen hincapié en que no todas las teorías científicas son meros instrumentos (posición típica del pragmatismo), ni todos los términos teóricos (que incluyen las entidades y objetos de una teoría) son simples heurísticos.

El tratamiento de todas estas otras formas de realismo excede con mucho las pretensiones de este artículo (para un desarrollo clarificador sobre este tema puede consultarse Diéguez11. No obstante, es interesante esbozar brevemente el realismo transformativo de Hacking, por su novedosa aportación a la faceta intervencionista de la ciencia (o, mejor aún, de la tecnociencia actual) en la transformación del mundo, y el realismo constructivo de Giere12, que más recientemente ha precisado en lo que denomina realismo perspectivo13, por su actual influencia en la didáctica de las ciencias14.

Según Hacking, el realismo tiene más que ver con nuestras intervenciones en el mundo (la práctica científica y tecnológica y sus efectos en la transformación del mundo) que con nuestras representaciones o lo que pensamos acerca de él (el conocimiento científico sobre el mundo en sí mismo). Parafraseando a Hanson15, Hacking16 resalta que la observación y la experimentación científica están cargadas de una competente práctica previa. Como señala Echevarría17, para Hacking lo esencial no es la verdad científica, sino la capacidad innovadora de la ciencia (y especialmente de la tecnociencia).

Las tesis de Hacking son relevantes también para la filosofía de la tecnología y, así mismo, han servido para reinterpretar algunas de las propuestas de la sociología de la ciencia hechas en la década de los años setenta. Por otra parte, Giere pasó tres años (1983-1986) acudiendo asiduamente como investigador a las instalaciones del ciclotrón de la Universidad de Indiana, de modo similar a como hacen algunos sociólogos relativistas de la ciencia (p.ej., Latour y Woolgar, 1979/1986), pero sus conclusiones fueron muy diferentes a las de éstos; en vez de construcción de entidades, Giere encontró contingencia y negociación, compatibles con una posición realista18.

Para Giere, los físicos que trabajaban en los laboratorios que visitó son realistas y, a su juicio, tenían buenas razones para serlo. Giere designa su realismo como la posición por la que: «[…] Cuando una teoría cientifica se acepta, es porque la mayoría de sus elementos representan (en algún aspecto y en cierto grado) aspectos del mundo»19. Así mismo, en otro escrito precisa más su realismo moderado:

«Como el realismo tradicional, el realismo perspectivo asume que el mundo posee una estructura global definida. Esta estructura, no obstante, es considerada demasiado compleja para ser abarcada completamente en ninguna representación que los humanos puedan crear o comprender»20.


Aclara su carácter constructivo al señalar que: «Así podemos acordar que todas las representaciones son construcciones humanas resultantes tanto de la experiencia tanto individual como social21» y también que: «[…] Los modelos científicos son constructos humanos, pero algunos proporcionan un mejor ajuste con el mundo que otros, y se puede saber que lo hacer22».

De esta manera, su posición además de realista es constructivista, aunque en un sentido mucho más moderado que el del constructivismo radical propio de muchos sociólogos de la ciencia postmodernos y relativistas. Además, el constructivismo cognitivo de Giere hace desaparecer la incompatibilidad entre realismo y constructivismo porque no elimina la conexión representacional entre lo que los científicos afirman y el mundo real, como sí hace el constructivismo social radical […].

Ángel Vázquez, José Antonio Acevedo, María Antonia Manassero y Pilar Acevedo, «Cuatro paradigmas básicos sobre la naturaleza de la ciencia», en Argumentos de Razón Técnica., número 4, 2001, págs. 135-176.

Bibliografía
1. Diéguez, A. (1998). Realismo científico. Una introducción al debate actual en filosofía de la ciencia. Málaga: Servicio de Publicaciones e Intercambio Científico de la Universidad de Málaga.
2. Echeverría, J. (1999). Introducción a la metodología de la ciencia. La filosofía de la ciencia en el siglo XX. Barcelona: Cátedra.
3. Giere, R.N. (1988). Explaining Science. Chicago, IL: Universlry of Chicago Press.
4. Giere, R.N. (1992). «The cognitive construction of scientific knowledge». Social Studies of Science, 22, 95­107.
5. Giere, R.N. (1999 a). «Del realismo constructivo al realismo perspectivo». En M. Izquierdo (Ed.): Aportación de un modelo cognitivo de ciencia a la enseñanza de las ciencias. Enseñanza de las Ciencias, nº extra, pp. 9­13.
6. Giere, R.N. (l999 b). «Didáctica de la ciencia basada en el agente. Roles para la filosofía de la ciencia y las ciencias cognitivas». En M. Izquierdo (Ed.): Aportación de un modelo cognitivo de ciencia a la enseñanza de las ciencias. Enseñanza de las Ciencias, nº 2 extra, pp. 5­7.
7. Hacking, I. (1983). Representing and Interventing. Cambridge, MA: Cambridge University Press. Traducción de S. García (1996): Representar e intervenir. México D.F.: Seminario de Problemas Científicos y Filosóficos, UNAM; Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM y Ed. Paidós.
8. Hanson, N.R. (1958). Patterns of Discovery. An inquiry into the conceptual foundations of science. Cambridge, MA: Cambridge University Press. Traducción de E. García Camarero (1977): Patrones de descubrimiento. Investigación de las bases conceptuales de la ciencia. Madrid: Alianza.
9. Hempel, C.G. (1965). Aspects of scientific explanation. MacMillan, Nueva York. Traducción de N. Míguez et al. (1979): La explicación científica. Buenos Aires: Paidós.
10. Lakatos, I. (1978). The metbodology of scientific research programmes.Philosophical papers. Volume 1. Cambridge, MA: Cambridge University Press. Traducción de J.C. Zapatero (1983): La metodología de los programas de investigación científica. Madrid: Alianza Editorial.
11. Laudan, L. (1977). Progress and its problems. Towards a Tbeory of scientific growth. Los Ángeles, CA: University of California Press. Traducción de J. López Tapia (1986): El progreso y sus problemas. Hacia una teoría del crecimiento científico. Madrid: Encuentro.
12. Niiniluoto, I. (1984). Is Science Progressiue? Dordrecht: Reidel.
13. Niiniluoto, I (1991). «Realism, Relativism and Constructivism». Syntbese, 89, 135­162.
14. Popper, K.R. (1958). Tbe logic of scientiftc discouery. Londres: Hutchinson. Traducción de V. Sánchez de Zavala Cl962): La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos.
15. Popper, K.R. (1972). Objectiue Knouiledge. Oxford: Oxford University Press.Traducción española (1974): Conocimiento objetivo. Madrid: Tecnos.
16. Putnarn, H. (1975). Mind, Language and Reality. Philosophical Papers, vol. 2.Cambridge, MA: Cambridge University Press.
17. Tuomela, R. (1985). Science, Action, and Reality. Dordrecht: Reidel.

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