Guerra y condición femenina

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Material complementario disponible:
Secuencia cinematográfica: Y la mujer sale a la calle - Documental


El relevo de los combatientes

Es hoy evidente que la Primera Guerra Mundial originó una gran mutación en la condición de la mujer. Como explica M. Bardeche: «Cuando el decreto de movilización hizo desaparecer como en una trampa a todos los varones adultos que se podían hallar entre la Bretaña y los Urales, las mujeres se hallaron de pronto en una situación que la Historia les ofrecía por primera vez. En el vacío así creado, estas desahuciadas se hallaron de repente frente a las tareas de los varones, a los útiles de los varones, a los sillones vacíos dejados por los varones…»1.

Se pensaba, entonces, en una guerra «fresca, alegre y corta», en la que los movilizados gritaban rítmicamente «Nach París» o «A Berlín», según el lado de la frontera, y adornaban sus fusiles con flores. Mas, cuando los frentes se estabilizaron y comenzaron las batallas de desgaste, hubo que cubrir las pérdidas en soldados y, como se expresa en lenguaje militar, «peinar» las retaguardias; es decir, apurar al máximo el capital de hombres y… dejar vacantes muchos más puestos de trabajo y de responsabilidad. Como señala Louíse Black:

«no son las condiciones psicológicas las determinantes. El factor decisivo que arrastra a las mujeres a la guerra reside en la sustitución de los ejércitos profesionales por los ejércitos de masas, así como en la amplitud sin precedentes de las pérdidas humanas en los frentes. En las fábricas, en los despachos, en los campos, en el seno de las profesiones liberales, la partida de millones de hombres hacia las trincheras ha creado vacíos que sólo las mujeres pueden llenar. Por ello, la guerra no hace sino acelerar la integración de las mujeres en la producción…2».

Así, en un libro escrito en 1916, Gustave Le Bon afirma ya, refiriéndose a Francia:

«Más de seis millones de hombres movilizados para la defensa nacional han visto surgir legiones de mujeres, de niños y de ancianos para sustituirlos en los campos, en las empresas; en una palabra, en cada rama de la actividad humana. Una sustitución tal es un hecho único en la Historia3».

Y Louise Black insiste:

«En todos los países beligerantes, la guerra de 1914-­1918 modifica profundamente la condición femenina. También en eso dicha guerra se distingue de todas las que la habían precedido en la historia y en el transcurso de las cuales el único cometido de las mujeres había sido llorar4».


Se puede decir, pues, que en cuatro años de conflagración se hizo más por la mujer, en cuanto a su igualdad económica y política, que en toda una generación de agitación feminista. Como señala «L'Union Féminine Civique et Sociale»:

«Lo que la influencia del factor de orden intelectual y material no ha podido hacer, ha sido matizado, desde fuera, por el juego de circunstancias económicas y sociales5».

La Guerra mundial de 1914-­18, al trastornar la vida nacional de los beligerantes, hace penetrar a las mujeres en los dominios de los que hasta entonces habían sido tenidas celosamente aparte; esta guerra les confía cargas consideradas hasta ese momento como feudos inexpugnables del sexo masculino. En esos años turbios la mujer, por la fuerza de las circunstancias, llega a ser jefe de familia, dirige la explotación agrícola, la empresa comercial e industrial sobre la cual la familia cuenta para asegurar su subsistencia, y el país para sostener su esfuerzo de guerra. En esta ocasión, la mujer toma, en todos los dominios de la actividad profesional y nacional, las plazas que ella guardará después de las hostilidades, los puestos desde donde ella ejercerá una influencia más grande sobre los organismos públicos. Así se explica que, en la mayoría de los Estados, los derechos políticos hayan sido otorgados a las mujeres en los años que siguieron inmediatamente a la guerra.

Para Alfred Sauvy, la Gran Guerra:

«dolorosamente, paradójicamente, había llevado a las mujeres a hacer experiencias hasta entonces prohibidas y a dar pruebas de sus posibilidades más que en cualquier otra época pasada. Ciertamente, desde hacía tiempo habían trajinado, producido, trabajado, pero en la mayoría de los casos en tareas oscuras y consideradas secundarias. Y he aquí que, al menos durante cuatro años, habían tenido que sustituir a los hombres, a la vez que tenían que mantener su papel tradicional cerca de los hijos. Muchas mujeres ganaron una nueva confianza en sí mismas, y muchos hombres una nueva forma de inquietud. Cuando volvieron, muchos fueron los que tuvieron la impresión, bien nueva, de sustituir a una mujer6».


En fin, Evelyne Sullerot, especialista en la sociología de la condición femenina, escribe:

«1914: Primera Guerra Mundial. Las mujeres en el dominio del trabajo, son un poco las "aprovechadas de guerra", ¿quién de entre nosotras no tiene todavía en los ojos esas imágenes deshilvanadas que las televisiones nos muestran de vez en cuando al hurgar en sus archivos: mujeres con un pesado moño y un talle estrangulado conduciendo tranvías, dando vuelta a los obuses, montando fusiles, ocupándose de recoger las cosechas? Damas guitándose sus vastos sombreros y sus boas para ceñirse la blusa de enfermera. Jóvenes fabricando explosivos. Es la guerra. Sobre todo en Francia, donde todos los hombres habían sido movilizados, y en Alemania, estas imágenes han golpeado las imaginaciones. Una extraordinaria explotación sentimental fue hecha y ello nos deja la impresión confusa de que todo ha empezado para la mujer en 1914-­1918 y que ellas van a tener ocasión de hacer experiencias nunca hechas, de probar la independencia financiera hasta el punto de quedar transformadas: ¿no fue acaso durante la guerra de 1914­-1918 cuando las mujeres comenzaron a cortarse el pelo, cuando acortan sus faldas? Los millones de combatientes, al volver a sus casas al final de la guerra, no reconocieron a sus mujeres, ¿qué había pasado?7».


El hecho es que mujeres abogados, médicos, al igual que mujeres diputados o ministros, hicieron su aparición. Esta prodigiosa promoción femenina se hizo sin ningún tipo de control ni plan preconcebido, como si de generación espontánea se tratase8.

María Vidaurreta Campillo Reis, «La guerra y la condición femenina (1914-1918): Análisis comparativo. La Primera y la Segunda Guerra Mundial en los países beligerantes», Revista española de investigaciones sociológicas, Nº 1, 1978, pp. 65-104.


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